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ENTREVISTAMOS AL ORGANIZADOR DE LA CACERÍA

La historia del lobo decomisado y después “robado” a los forestales en Zamora, ¿un escándalo de corrupción?

No hay pruebas que lo demuestren, pero hemos hablado en exclusiva con el cazador que organizó el abate y nos ha dado a entender que hay mucho más detrás de esta peculiar historia en la Reserva de la Culebra.
Este es el ejemplar de lobo durante las horas que pasaron en la gasolinera, antes de que comenzase todo. Este es el ejemplar de lobo durante las horas que pasaron en la gasolinera, antes de que comenzase todo.

La historia suena a película de acción más que a unos acontecimientos ocurridos en la Reserva de Caza de la Culebra, en Zamora. Todo empezó en el año 2013, cuando el cazador R.V. consiguió después de muchas noches de espera, abatir un ejemplar de lobo en el coto de Gallegos del Campo. Tras una “peculiar y poco regular” intervención de los agentes forestales, el lobo fue decomisado y tras muchos años de litigio en los que R.V. llegó a ser condenado a 500 euros de multa y un año de inhabilitación para la caza, el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León ha dictado sentencia absolviendo al cazador y condenando a la Junta a indemnizarle con 9.000 euros tras perder el lobo

 

Tras anular el expediente sancionador en 2016 impuesto al cazador, el aficionado riojano reclamó en 2018 la devolución del dinero más los intereses, además de la pieza decomisada por la Guardería. La cabeza del animal, tras ser requisada, había sido almacenada para su conservación en la cámara frigorífica en las dependencias de la oficina de la Reserva en Villardeciervos. En marzo de 2013, el aparato sufrió un fallo eléctrico y “todos los cuerpos de piezas de caza almacenados sufrieron un proceso de descongelación irreversible e incompatible con una nueva congelación”. El cazador pidió por tanto el cráneo de lobo, pero no le pudo ser entregado porque para rematar la faena, el almacén de El Casal “sufrió un robo con fuerza” en 2015.

 

Hemos hablado en exclusiva con Emilio Sanz-Pastor Rivas, romántico de la caza, amante del campo y fundador de Caza en Abierto, una “agencia” de caza poco común que se dedica a “recuperar el modelo de caza que existía cuando yo era pequeño”, es decir, la caza más pura en abierto. A través de Caza en Abierto y de Emilio se organizó la espera de lobo para el cazador, que pasó muchas noches antes de lograr abatirlo aquel fatídico 27 de febrero que era además, el día que cerraba la temporada. Emilio nos cuenta lo que sucedió aquel día en el que estuvo presente y lo que ha supuesto todo el calvario posterior, incluyendo las actitudes “irregulares” de algunos agentes que intervinieron. 

 

La caza del lobo

 

“El cazador se fue con el guarda una noche más de espera y, a eso de las 7:45 de la mañana le entraron una pareja de lobos, macho y hembra. Tiró al macho adulto y al poco de tirar, sobre las 8 de la mañana comenzó a nevar. Se precinto convenientemente y se bajo del monte con el lobo. Yo estaba en mi casa en ese momento (en un pueblo cercano) y me llamaron a contarme que habían matado el lobo y que quedáramos en el bar de la gasolinera. Fui para allá y estuvimos tomando un refresco y un pincho de tortilla para celebrarlo.

 

Cabe mencionar que por aquel entonces ya había cambiado la ley y no había que esperar a que llegaran los agentes a precintar el animal. La Junta te da un precinto y tu lo tienes que notificar una vez abatido, al Servicio Territorial en un contestador automático grabando un mensaje diciendo que has abatido un lobo, en tal coto, quien eres y todos los datos de identificación. Luego tienes que llamar a los forestales para notificarles igualmente, pero tu puedes estar ya en carretera camino a Jaén por ejemplo. Simplemente hay que notificar. El guarda que acompañaba al cazador procedió a dar los avisos pertinentes a las 8 de la mañana a la casa forestal de Alcañices, apenas un cuarto de hora después de abatir el lobo y desde el propio aguardo todavía. 

 

Cuando estábamos en el bar celebrando la cacería, yo llame al presidente del coto de cazadores y bajo también para hacernos unas fotos. En eso me llamaron los forestales como a las 11 de la mañana. Seguía nevando, a poquitos pero seguía nevando. Llevábamos en la gasolinera desde las 9 y media de la mañana ya y entonces los forestales me dijeron que si se podían acercar allí para medir el lobo y tomar todos los datos. Por supuesto les dije que allí esperábamos, porque aunque lo hubiera medido ya el guarda, si querían tomar mediciones ellos pues que más nos daba, “igual les viene bien para la Junta”, pensé. 

 

Así comenzó la pesadilla

 

Se acercaron a la gasolinera, vieron el lobo, estuvieron tomando medidas y nos dijeron que probablemente diese plata. Llamaron por teléfono para notificarlo no sabemos a quien y, cuando volvió de hablar me dijo: «oye que me dicen que si no os importa subir al aguardo para comprobar que es allí donde ha sido el abate, a ver si hay sangre, si hay rastro y demás para que no halla problema». Hombre, no era nuestra obligación, era la suya subir y comprobar eso pero como estábamos de buen humor, accedimos de buen agrado. Nos metimos en un coche hasta el aguardo y estaba nevado, no muy nevado pero había más que cuando bajaron del monte y que cuando lo tiraron por supuesto. Porque cuando tiraron no había nada de nieve y cuando subimos con los agentes habría como 4 centímetros

 

El caso es que se pusieron con el metro a mirar y tal, yo me empecé a mosquear. Cuando volvieron de darse una vuelta por allí nos dijeron «mira es que hemos hablado con la casa forestal, nos ha llamado el celador de la reserva y dicen que tenemos que decomisar el lobo porque se ha cazado en un día de fortuna». Yo les expliqué que eso no podía ser porque el lobo se había tirado sin nada de nieve, luego se había puesto a nevar después y que ni si quiera la nieve que había en ese momento, se podía considerar día de fortuna porque no impide la huida de un animal y menos un lobo. No era medio metro de nieve, eran 4 centímetros. Nos dijeron que teníamos que bajar todos a la casa forestal para hacer el papeleo y decomisar el lobo. 

 

Bajamos a la casa forestal -todo esto absolutamente irregular, porque el cazador podría ir ya de camino a Jaén si hubiera querido-. Llegamos allí y nos dicen que «hay que decomisar el lobo porque esta nevando etc, etc». Yo le intente explicar al celador como ocurrió todo pero nada, además estamos hablando de que era la una ya y se había tirado a las 7:45, cuando ni si quiera estaba nevando, pero daba igual lo que yo dijera, estaba decidido a decomisarlo y punto. Cogió el lobo, lo envolvió en plástico y le puso cinta de embalar al rededor y le hizo un papel de decomiso al cazador. A los tres días le había puesto ya un recurso en la Junta que se quedo archivado, con lo cual tiramos para adelante en el contencioso. Primero dicen que se estropeo la cámara y se descongeló todo. Luego que entraron a robar y se llevaron no se cuantos trofeos y el craneo del lobo. Yo ya no sé que pensar. Allí pasan cosas muy raras, pero como no tengo pruebas firmes prefiero no decir nada. Lo que está claro es que ellos no actuaron de buena fe, y a la vista está con los resultados judiciales. 

 

Esto no quiere decir ni mucho menos que todos sean así, hay agentes responsables y respetables que cumplen con su trabajo de forma honorable y ética, pero otros no.

 

Una sentencia que sienta precedente 

 

En la denuncia que consta en el expediente, se señala que la nieve el día que se abatió el lobo tenía un espesor de unos 25 centímetros, limitando así “de forma relevante” el escape y defensa del animal, esto ha de considerarse desvirtuado”, reza la sentencia definitiva del Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León, acorde al informe presentado por el guarda del coto que acompañó al cazador ese día, en el que se adjuntan fotos del lugar donde se puede apreciar el espesor de la nieve y la fecha y hora de la instantánea. “El aguardo se realizó de forma correcta, no pudiendo considerarse día de fortuna para un lobo adulto los espesores de nieve existentes sobre el terreno (…) espesores que no impedían la defensa del lobo del que se trata con altura media de 74,5 centímetros. La nieve caída cuando el animal fue abatido no impedía su capacidad de huida, teniendo en cuenta la envergadura del animal y su correspondiente fuerza y potencia”.