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Se estima que en cinco años ha desaparecido el 70% de la población

Gran preocupación por los corzos asturianos

Tanto en esta web como en las revistas Caza Mayor y Federcaza hemos tratado amplia y profundamente el problema del gusano de corzo en el noroeste peninsular. Sin embargo, la situación, lejos de mejorar, parece que se ha agravado en Asturias.
Corzos_Asturias_M Larvas de Cephenemyia stimulator encontradas en el interior de un corzo. (Foto: Gerardo Pajares)

La Asociación del Corzo Español (ACE), que preside Gerardo Pajares, nos ha venido informando a lo largo de los años de cómo evolucionaba este problema y de cuáles eran las conclusiones de los diferentes estudios que había puesto en marcha sobre este particular. Precisamente en una comunicación con Pajares hace unas semanas, éste nos mostraba su preocupación por el tema del gusano y nos confesaba que se veían pocos corzos en Asturias.

Pero el asunto, a tenor de la información publicada por Miguel L. Serrano en la ‘La Nueva España’, en la que se consulta reiteradamente al presidente de la ACE, parece que se ha agravado e incluso se afirma que “el "gusano de las narices" mata en cinco años al 70% de los corzos asturianos”.

Debido al interés y a la repercusión de la noticia, a continuación la reproducimos de forma íntegra:

Asturias se va quedando sin corzos. En los últimos cinco años, la población de esta especie en Asturias se ha reducido en un 70 por ciento. Los datos son reveladores: en 2009, se estimaba que había entre siete y diez ejemplares por kilómetro cuadrado de monte asturiano. Hoy se pueden encontrar entre uno y tres ejemplares en el mismo espacio. La culpa de tan elevada mortandad la tiene la larva de un insecto denominado "Cephenemyia stimulator", que en la jerga cinegética ya se conoce como "gusano de las narices". Se trata de un parásito de aspecto blanquecino que se instala en las fosas nasales y en la garganta del corzo dificultando su respiración y su alimentación.

Este insecto, de la familia de los tábanos, fue detectado por primera vez en Asturias en 2005 y se cree que llegó a la región a través de corzos procedentes de Francia, que contagiaron a los que habitaban en los montes de la región. La acumulación masiva de estos parásitos (más de cincuenta) en los corzos es lo que les provocaría la muerte.

La situación de la especie en la región, asegura Gerardo Pajares, veterinario y presidente de la Asociación del Corzo Español, es "muy complicada". Las muertes masivas comenzaron a detectarse hace años en el Occidente, en zonas como Villayón, Tineo, Allande... Después se vislumbró el problema en Valdés y en el centro de la región y ahora están empezando a morir ejemplares en Villaviciosa y Cabrales. Hay zonas, como Degaña o Muniellos, "en que el corzo está virtualmente extinto" y es "más fácil ver a un urogallo", ejemplar en peligro de extinción. Pajares explica que la Asociación que preside alertó de este problema en su momento al responsable de la vigilancia sanitaria en la fauna salvaje española, pero que no se le hizo caso. "Se minimizó el problema. Dijeron que ese parásito no tenía importancia", afirma Pajares, que tuvo que mandar las muestras a distintos especialistas para identificar la larva y su procedencia.

La situación se agravó en el año 2009. Esa temporada, los cazadores redujeron las capturas de corzos en Asturias en "un 30 por ciento". Sucedió de un año para otro, justo en el momento en que empezaron a morirse. Ahí se puso de relieve el problema. "La consejería de Agroganadería intentó explicarlo diciendo que hubo cotos sin aprovechamiento. Pero ese no era el motivo", explica Pajares. "Antes, los cazadores escogían lo que mataban. Ahora matan lo que ven", añade.

El presidente de la Asociación del Corzo Español, veterinario de profesión, no responsabiliza sólo al insecto de la elevada mortandad del animal. Asegura que buena parte de la responsabilidad está en el modelo de gestión, que dio lugar a "tener unas densidades por encima de lo que eran sostenibles".

"En 2007 llegamos a encontrar 36 corzos por kilómetro cuadrado. Son cantidades excesivas que facilitan el contagio, que enfermen y mueren", concluye Gerardo Pajares”.