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Aguardos al jabalí: cómo preparar un buen cebadero

Los aguardos nocturnos al jabalí concitan el interés de muchos cazadores, ya sean esperistas ‘de toda la vida’ o neófitos en esta caza. Para estos últimos ofrecemos a aquí algunos consejos para preparar un cebadero que atraiga con éxito a los guarros.
Jabalíes, aguardo

La palabra cebadero se utiliza para denominar a las trampas montadas a base de diferentes alimentos. Siendo el jabalí un omnívoro, podemos dividir los cebaderos empleados para su caza en dos grupos principales: en un primer grupo, meteríamos aquellos en los que empleamos hidratos de carbono como granos, tubérculos y frutas, y en un segundo grupo incluiríamos aquellos basados en proteínas, que se presenta generalmente como carroña.

El maíz, manjar de jabalí

El alimento universal empleado tanto para suidos es el maíz, por su economía, facilidad de manejo y por su aceptación, aunque el trigo, la avena y la soja también son tomados con avidez.

La ventaja que ofrecen los cebaderos artificiales en comparación a los naturales radica en que los primeros pueden ser armados con alimentos que las presas conocen y gustan y que en esa época del año no están disponibles naturalmente. De esa forma, el cebadero se convierte en un imán poderoso sin mayor competencia, lo cual otorga una enorme ventaja al acechista. Incluso aquellos animales que normalmente no están en contacto con los cereales ofrecidos por no ser estos originarios de la zona, una vez que los prueban se tornan rápidamente adictos a los mismos.

Al comienzo puede ser que el animal no toque el cebo, ya sea por desconocerlo, por detectar en el mismo el olor del humano o el que adquiere el grano dentro de las bolsas. Pero pasados unos días, y tras comprobar su inocuidad, el jabalí comenzará a tomarlo, y una vez que lo haya probado no olvidará su sabor ni dónde encontrarlo. Se dice que el maíz es para el jabalí lo que ciertas drogas son para los humanos: muy adictivo.

¿En grano o en mazorca?

El maíz puede suministrarse en granos o directamente con la mazorca, y ambos sistemas presentan ventajas e inconvenientes. El maíz en grano debe de ser enterrado para que los pájaros no se lo coman antes de la llegada del jabalí, que ocurre después del anochecer.

En ese caso lo ideal es realizar ocho o diez pequeños pozos con una pala, de no más de 30 centímetros de profundidad, en los cuales se coloca en cada uno tan sólo un puñado de maíz que luego se cubre con tierra.  En las primeras veces se puede agregar un poco de agua, la cual al humedecer el grano hará que éste se torne más aromático, de manera que refuerza la acción del olor. Incluso se puede dejar unos pocos granos en la superficie para facilitar la localización del cebo por su parte.

Los pozos deben desplegarse en abanico frente al apostadero, con una separación de dos metros entre sí. La idea es obligar al grupo a dispersarse entre sí, permitiendo al cazador escoger el blanco, o en caso de ser un solo jabalí, obligarlo a permanecer por más tiempo frente a la  mira, ya que tendrá que hozar en varios lugares, ofreciendo al tirador distintos ángulos de disparo.

El maíz puede ser reemplazado por frutas y hortalizas, como la manzana, peras, patatas, zanahorias o remolachas, pero en realidad cualquier cosa comestible terminará por atraerlos. He llegado incluso a cebar con éxito con un lata de sardinas, claro está que en ese caso los zorros compiten ávidamente por la carnada. Por su lado, la miel está considerada como un néctar por los jabalíes, pero como cebo es algo más caro.

Si el maíz es dejado en la mazorca, puede ser presentado a flor de tierra, sin necesidad de enterrarlo, ya que las hojas verdes que lo envuelve lo protegerá de los pájaros, aunque no lo hará del ganado que pudiese haber en el área.

Cómo atender y reponer los cebaderos

Los cebaderos enterrados se revisan y completan con su carga de granos por la mañana temprano, para apostarse en sus cercanías recién unas dos horas antes del oscurecer. Esto lo haremos porque el jabalí abandonará su área de encame a media tarde, para dirigirse aún con luz hacia la zona del cebadero, al cual entrará recién después de la puesta del sol, no sin antes cerciorarse de que la zona está libre. Por lo tanto, el cazador debe encontrase apostado y perfectamente inmóvil antes del oscurecer, para poder soportar y pasar el examen del lugar que harán los suidos antes de visitarlo.

Para que un cebadero que ya ha sido tomado con anterioridad pero que se dejó de atender por algún tiempo se torne efectivo nuevamente, el mismo debe ser repostado cada día, al menos durante la semana previa. Un cebadero que es atendido en forma diaria atraerá jabalíes todas las noches, aunque esto no garantiza que los mismos sean trofeos.

Cebar con carroña

El otro cebo basado frecuentemente utilizado es la carroña, básicamente proveniente de algún animal doméstico sacrificado con ese fin, o alguno que pereció por causas naturales, el que simplemente se deja al descubierto, para que con el olor que desprende atraiga a los suidos.

Los cochinos no tocarán la carroña en los primeros días, hasta que la carne en descomposición los atraiga. El problema de esto es que algún felino puede servirse de la misma mientras ésta aún se encuentre fresca y antes de que los jabalíes decidan aprovecharla. Cuando el cebo es demasiado grande para ser movilizado, el apostadero se arma en las cercanías del mismo. Pero si se dispone de un vehículo apropiado, se puede arrastrar los despojos atados como una cadena hasta el lugar deseado, a la vez que creamos sobre el suelo un largo rastro que los guarros seguirán hasta encontrar lo que lo haya originado, y al cazador esperándoles.
(Texto: Daniel Stilmann. Fotos: Shutterstock y Alberto Aníbal-Álvarez).