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Recechos tras muflones, arruís, machos monteses y rebecos

Caza en el celo: de las dehesas a las altas cumbres

A finales de octubre, pero sobre todo ahora, en noviembre, tiene lugar la época de celo de nuestros carneros y cabras, esos muflones, arruís, machos monteses y rebecos que nos darán la oportunidad de saborear las mieles del rececho.
Recechos_Celo_G Macho montés en un día de niebla en Gredos.
No se puede hablar o escribir de la caza a rececho si no la has vivido, si no la has sufrido, si no la has disfrutado... En mi caso, la practico con asiduidad, lo que me lleva a afirmar que lo que nos brindan nuestros bóvidos en estas semanas de noviembre son recechos en estado puro y en el quizá mejor momento del año -el del celo de estas cuatros especies- para conseguir dar caza a esos ejemplares de soberbios trofeos que suelen mostrarse de lo más esquivos e invisibles el resto del año. Son éstas, por tanto, semanas de celo y de caza a rececho desde las dehesas hasta las cumbres de nuestras montañas.

Hay donde elegir

Muflones, arruís, cabras monteses y rebecos, ahí es nada. Sin duda un vasto abanico de opciones venatorias para que los recechistas elijan en función de sus preferencias, de sus posibilidades económicas, de sus condiciones físicas, de sus capacidades mentales, etc. Porque no es lo mismo ir tras un muflón en un cazadero escasamente quebrado o adehesado, que hacerlo tras un rebeco a gran altitud y por laderas con nieve y hielo; lo mismo que no es igual recechar un arruí en zonas bastante peladas y con mucha piedra suelta en el suelo, que acechar a un macho montés en un escenario de fuertes cortados y bosques de pinos. Así pues, las posibilidades resultan muy variadas y la oferta disponible amplia, tanto como para que no nos precipitemos y tomemos la mejor decisión tras haberla sopesado a conciencia. Además, contamos con la ventaja de que estos recechos, especialmente los que tienen que ver con arruís, rebecos y machos monteses, se han popularizado en los últimos años debido a la crisis y a los incrementos poblacionales de estas especies, lo que ha supuesto un mayor número de permisos de caza en circulación, sobre todo fuera de las áreas gestionadas por la Administración, y una reducción generalizada de los precios. Eso sí, las cantidades a pagar por los grandes trofeos en los cazaderos de renombre han bajado poco o no lo han hecho, quedando esta exclusiva parte de la oferta cinegética en manos principalmente de los cazadores venidos de fuera de España y dispuestos a pagar fuertes sumas de dinero por las cuernas de mayor puntuación de nuestros representantes de la caza de media y alta montaña.

En contra, el tiempo; a favor, el celo

El cazador tiene que ser consciente en estas fechas que las cacerías estarán ya presididas por el frío, con lluvia, viento, niebla, hielo e incluso nieve como agentes meteorológicos propios del mes en el que nos encontramos. Éstos no dejan de ser inconvenientes a la hora de recechar en cualquier escenario, para qué negarlo, si bien los equipos que disponemos en la actualidad nos permiten contrarrestarlos en buena medida. Sin embargo, a nuestro favor en esta época tenemos la actividad frenética de los animales, que nos permite localizarlos con mayor facilidad porque los machos dominantes ya han tomado posesión de los rebaños, y eso supone mucho ajetreo en busca del favor sexual de las hembras que componen los harenes y también para alejar a los machos que osan disputarles la jerarquía.

Por último, pero sobre todo pensando en las cacerías donde el terreno pica hacia arriba de lo lindo, marquémonos un ritmo asequible para no quedar desfondados a las primeras de cambio, hagamos paradas frecuentes que nos sirvan para recuperar fuerzas y escrutar el cazadero con los prismáticos, intentemos ganar la suficiente altura para poder entrar a la caza desde arriba, valoremos con paciencia aquellos animales que encajan dentro de lo que vamos buscando y, finalmente, una vez tomada la decisión de tirar a un determinado animal y tras hacerle una sigilosa entrada, concentrémonos de lleno en el disparo y ejecutémoslo cuando no nos quepa la menor duda de que acertaremos a la pieza.

(Texto: J. M. G. / Fotos: A. A.-Á., Shutterstock y Archivo)