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Innovación y emprendimiento, claves para la subsistencia de la caza y del medio rural

La caza del presente y del futuro

No creo descubrir la pólvora negra si anuncio que el medio rural agoniza. Que, envejecido y denostado, está dejándose llevar en un deceso anunciado. Y con él la caza que alberga, que lo mantiene y de la que depende.
Caza_Futuro_G Gamos en la cruz del visor.

Solamente el 14% de los agricultores y selvicultores de la Unión Europea cumplen menos de 40 años y el 95% de las explotaciones agrarias europeas están estructuradas como familiares. En este escenario no es pesimista, sino realista, preguntarse cómo va a ser la siguiente generación de residentes en el rural.

La caza menor, absolutamente dependiente de la agricultura, lleva décadas sufriendo las consecuencias de esta realidad, mientras que la caza mayor, feudataria de los montes y selvicultura, si bien ha experimentado una notable expansión, como consecuencia de lo anterior, muestra ya claros síntomas de retroceso. Tampoco los cazadores o gestores cinegéticos somos ajenos a este declive. Caza sembrada, repoblaciones indiscriminadas, cercones, monterías tocomocho, egoísmo generalizado, abusos de todo tipo motivados por la codicia, gestores administrativos ignorantes e incompetentes y ecologistas inconscientes han creado un escenario lúgubre.

Una nueva generación de cazadores no se está incorporando a la peña de San Huberto ni tampoco permanece en el medio rural, migración poco entendible cuando el porcentaje de desempleo juvenil en núcleos urbanos es salvaje. ¿Cómo mantener y crear empleos en el campo? Se me ocurre que mostrar que las tareas agro-forestales y cinegéticas son una magnífica y eficiente manera de crear riqueza puede ser una excelente vía por explorar. En mi opinión, ese sector podría ser eficiente, moderno, ecológico y muy reconfortante espiritual y económicamente. ¿Cómo conseguir esto? Pues aplicándole las mismas fórmulas que se diseñan para el medio urbano u otros sectores económicos, es decir, a través de la innovación y el emprendimiento.

No puede caber duda de que la caza contiene un cargado componente tradicional, del que soy el alabardero defensor. Pero eso no quiere decir que no requiera un enorme impulso de renovación, buenas prácticas avanzadas, investigación aplicada, transferencia de conocimientos y diseño de nuevas herramientas de gestión armónicas con la ecología y la economía. Desde luego, esto no se va a lograr diseñando los Programas de Desarrollo Rural de la PAC, nacional o regionales, copiando al pie de la letra las medidas escritas en los anteriores, ejemplarizantes modelos de cómo llevar el medio rural a la desertización. Tampoco se va a conseguir entendiendo la caza como una actividad consentida con reservas, políticamente incorrecta, a la que atender con mínima y elusiva dedicación. Menos aún, declarándola ingrata en espacios naturales protegidos o en las zonas Red Natura, donde precisamente fue la actividad venatoria durante generaciones la que mantuvo sus elevados valores ecológicos y biodiversos.

Parece meridianamente claro que sin innovación y emprendimiento en la caza, y por extensión en el medio rural, no se podrá hacer atractiva ni viable una forma de vida para los jóvenes. También se estima poco atrevido profetizar que sin ello, paisajes, montes y campos, con una buena parte de la vida que albergan, se irán degradando, perdiendo y formando parte de la añoranza común. A quien especule que es éste un texto un tanto triste o taciturno, le puedo dar la razón, pero no es mi intención en modo alguno. La primera medida para corregir una realidad poco grata es reconocerla como tal. 

(Texto: Enrique Valero / Fotos: Alberto Aníbal-Álvarez)