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Para dar cumplimiento al necesario control de hembras

Cómo y cuándo cazar las corzas

Todos tenemos muy claro que el periodo para cazar corzos machos es el que coincide con su época con cuernos, pero cuando hablamos de caza de hembras no está tan claro y, en especial, no lo tienen claro todavía algunas autonomías, cada vez menos.
Control_Corzas_G Corza en campo abierto durante el invierno.

Desde el punto de vista de la gestión cinegética, si lo que buscamos es reducir números, poco importa cuándo se cace una corza. Sea cuando sea, al abatirla estamos eliminándola a ella y a toda su prole dependiente en ese momento o futura. Si la matamos en primavera, el feto que lleva en su interior también morirá y no llegará a término. Si lo hacemos en verano, lo hará también su cría del año, y otro tanto ocurrirá si lo hacemos en otoño. Tan sólo la caza de invierno nos permite minimizar el daño en la descendencia actual que supone retirar una hembra. En efecto, la cría o crías nacidas en la primavera pasada ya están destetadas y son autosuficientes, así que la retirada de sus madres, aunque supone un cierto problema, no es determinante en su supervivencia. Por el contrario, las crías del año siguiente no están suficientemente desarrolladas y el abate de la hembra no supone un gasto importante.

Las corzas se quedan preñadas en julio o agosto y tan sólo unos meses después comienza el verdadero desarrollo de los fetos, tras su implantación y el final de lo que se conoce como diapausa. Así, en diciembre los fetos son apenas visibles, con tamaños de menos de un centímetro. En enero, tras un mes implantados, alcanzan de dos a cinco centímetros, y a mediados de febrero ya tienen un tamaño superior a los diez centímetros, siendo evidentes hasta para el más inexperto.

El tiempo ideal

Así que lo ideal para la gestión del cupo de hembras es el periodo que va del 15 de diciembre al 15 de febrero. Tan sólo debemos tener cuidado en no confundir un macho desmochado con una hembra, pero poniendo un poco de cuidado esto no es nada difícil. La caza de corzas en este periodo nos permite, además, tomar datos biométricos o controlar la presencia de Corpora lutea en los ovarios, que son las marcas que dejan los óvulos que se han fecundado, y el número de fetos presentes, para determinar si la población está sufriendo algún tipo de problema. Si tenemos un valor medio de Corpora lutea mucho mayor que el de fetos implantados, significará que hay demasiados corzos para el tipo de hábitat que tenemos.

En cuanto al criterio para seleccionar una corza u otra, lo ideal sería retirar las enfermas o muy viejas. Sin embargo, la realidad nos dice que en un animal como el corzo, con una expectativa de vida corta, de no más de diez-once años en el caso de las hembras, las diferencias en cuanto a la edad no son determinantes, por lo que resulta inútil intentar guiarse por criterios de edad. Si ya es difícil determinar la edad de un macho, en el que disponemos de la cuerna y su forma para aproximarnos a la realidad, en una hembra adulta es imposible.

Si buscamos mantener la población estable nos centraremos en las hembras que no llevan crías. Normalmente serán las hembras de segundo año que todavía no han parido. Si por el contrario queremos reducir su número, deberemos concentrar nuestros esfuerzos en las hembras que tengan dos crías, prueba de que son las mejores madres y las que más ayudan a incrementar la población. No olvidemos que nuestro objetivo es reducir el número de corzos.

De cualquier modo, lo normal es que los cupos de hembras sean bajos y que si se caza en su época mejor, da un poco igual cuál sea la hembra elegida. Una forma de no complicarnos la vida -y dejar por ello de cumplir este cupo- es abatir la primera hembra que veamos. Tan sólo puede ser bueno dejar aquéllas que vayan acompañadas de una cría macho, por aquello de darle al futuro trofeo cuantas ventajas sean necesarias para desarrollarse sin problemas.

En el caso de que nos obligue nuestra comunidad autónoma a cazar las hembras en otro periodo, en especial si es entre mayo y octubre, coincidiendo con la caza de los machos, no debemos arredrarnos porque la hembra pueda tener crías. Si está sola se tira sin más. Cierto es que pudiera tener a su cría escondida, pero no es menos cierto que de haber matado esa hembra en enero, la cría no habría nacido. Insisto en que lo ideal desde el punto de vista del ahorro energético al sistema es la caza en invierno, pero si no queda más remedio y debemos conformarnos con otra época, hay que intentar no dramatizar. Lo que uno no debe hacer es posponer el cupo de hembras y no realizarlo ante el temor de dejar alguna cría huérfana.

(Texto: Rafael Centenera / Fotos: Shutterstock y J. M. G.)