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Claves para juzgar su trofeo en la sierra

Cómo cazar a rececho el arruí

Cuando por primera vez recechamos el arruí, al meterlo en nuestros prismáticos, vemos que es un animal que manifiesta fortaleza en su parte delantera o caja torácica, la cual, dado el mucho pelo que le nace bajo el cuello, parece manifestar mayor volumen.
Rececho_Arrui_G Grupo de arruís en Sierra Espuña (Murcia).

Los mechones de pelo que forman un cordón descendente, se abren hacia las extremidades y llegan hasta las rodillas, de tal forma que parecen simular unos zajones o antiparras. En los cuartos traseros, el arruí es menos corpulento. Siendo su comportamiento muy propio de los caprinos, se suele diferenciar de ellos en que, una vez iniciada la huida, no suele pararse para ubicar la procedencia del peligro, algo que en muchas ocasiones imposibilita ejecutar un lance in extremis. El arruí, una vez se le tira en un paraje, resulta muy difícil volver a sorprenderlo en el mismo lugar, ya que parece memorizar durante parte de su existencia las malas experiencias y, por ello, reacciona anticipadamente ante cualquier atisbo de peligro o presencia humana. Por esta causa, los cazadores lugareños y guías de caza se muestran celosos en extremo para no dejarse ver ni oír cuando recechan los entornos y sierras donde el arruí se muestra esquivo.

Los machos se diferencian de las hembras por el grosor de la cuerna y longitud de las barbas, y aun así, es posible confundir fácilmente en la distancia a una hembra vieja con un macho de mediana edad. Así las cosas, en primavera deberemos atender a las hembras que suelen quedarse solitarias en esta época, mientras que los machos se agrupan en ‘clubes de solteros’, en ocasiones haciendo causa común para expulsar a un macho dominante de su asociación.

Un macho que se precie suele llegar a tener más de treinta centímetros en las bases de sus cuernos y una longitud en torno a los 85 centímetros, mientras que las hembras difícilmente pasan de 45 centímetros de longitud y el perímetro de sus bases es mucho más reducido. En ambos sexos, los anillos de los cuernos, finos y poco marcados, tienen forma de semicírculo, arrancando sus orejas, pequeñas y veletas, de la parte posterior externa de la cabeza. Resulta curioso observar cómo las cuernas son utilizadas por los arruís a modo de pala para cubrirse la espalda de arena en las épocas calurosas, regulando así la temperatura de sus cuerpos.

En los recechos de arruí debemos atender a la alzada y peso del animal, pues los machos en peso pueden sobrepasar incluso los cien kilos, con una altura a la cruz muy próxima al metro, mientras que las hembras no pasan de los noventa centímetros de alzada y sesenta y cinco kilogramos de peso. Al recechar, visto de frente, el arruí muestra una cara larga, recta y fina, con unos ojos saltones muy grandes que parecen ver no sólo lateralmente, sino también frontalmente. Su hocico es fino y sin pelo, siendo sus orificios nasales largos y poco anchos. La tonalidad de su capa castaña es más marcada en el dorso, para blanquearse en el interior de sus extremidades y en el bajo vientre. Esta tonalidad favorece al animal en los calveros, pues lo camufla durante su quietud y también en sus careos, algo que no ocurre cuando el verde de la vegetación predomina. El rececho de arruí, en terrenos abiertos de las sierras ibéricas, implica grandes dosis de esfuerzo, con muchas horas de ascensos y descensos por laderas muy inclinadas que obligan a negociar el terreno haciendo repetidamente zigzag, dando grandes rodeos para llegar en condiciones adecuadas al lance.

(Texto: J. M. R. Villanueva / Fotos: Félix Sánchez / Vídeos: www.cazaconnosotros.com)