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A finales del mes más propicio para su caza

Gamo: un trofeo para un rececho

El rececho al gamo, como modalidad de caza individual, requiere de todo aquél que lo practica una serie de conocimientos que, al no ser contemplados con rigor, hacen que resulte difícil obtener un lance sobre un gran trofeo.
RecechoGamo_Octubre_G Buen macho de gamo echado junto al monte.

La expectativa de un buen trofeo es, sin duda, la primera impresión que nos causa el mismo; después vendrán por añadidura factores que en cada lance suman y restan, sobre todo si es el instinto y la pasión lo que embarga y alimenta a nuestro espíritu deportivo, haciendo más difícil el reto del abate récord. Un rececho de gamo en ronca es impredecible, puesto que son los aires y las hembras los que mandan, y por ello muchas veces es frecuente tener la pieza no visible a corta distancia y comprobar cómo, con la intermitencia de su ronca, pone tierra de por medio en busca de la huida de sus avisadas y siempre recelosas hembras.

Un gamo con trabajoso caminar, cuello hinchado y cuerna con amplitud longitudinal ha de ser motivo de minuciosa atención en nuestro rececho para, después, ir comprobando la envergadura del trofeo y la composición de sus palas. En nuestra visión lateral de los cuernos tenemos que cerciorarnos de la igualdad en masa y longitud de ambos, así como en la forma homogénea de los mismos, descartando los hendidos, arriñonados, deshilachados, etc. Las escotaduras en tamaño y su volumen, a la vez que singularizan el trofeo, también pueden penalizarlo, y no siempre deben quedar olvidadas en esos minutos de emoción previos al lance, en los que comprobaremos el estado de las puntas y la longitud de las luchaderas.

Si en algo se diferencia el rececho al gamo de otro cualquiera de los recechos es precisamente en la atención y sabiduría para juzgarlo en cada situación y momento, dado que el mismo trofeo tiene distinta apariencia al sol que a la sombra, y según el fondo un ejemplar representativo lo podemos evaluar como un excepcional trofeo, mientras que en otras ocasiones puede darse el caso a la inversa. Por ello, la paciencia y la ausencia de precipitación deben ser constantes en el rececho del 'paleto'.

Lo expuesto anteriormente da idea y define la labor que conlleva recechar gamos, resultando una perpetua incógnita tanto por su tensión como por su emoción, sólo liberada cuando se acaricia el trofeo, dado que gamos hay muchos, pero buenos gamos muy pocos. La valoración de un ejemplar con trofeo en ronca se acentúa por estar en este periodo todos los ejemplares dispersos de forma individual, circunstancia que complica ostensiblemente la percepción de cada individuo al no poder comparar los ejemplares de forma conjunta, donde siempre destacan unos ejemplares de otros por tamaño y longitud de sus palas.

(Texto: J. M. R. V. / Fotos: F. Fernández y Archivo)