Pasar al contenido principal

Jabalíes en montería: ¿por qué atraen tanto a los cazadores?

Ya hemos doblado el meridiano de esta temporada que, si bien comenzó condicionada por los efectos de la crisis, ello no ha impedido el auge de las monterías cochineras que, parecen volver por sus fueros en la recta final de la campaña de caza mayor.

Si desde hace ya unos cuantos lustros el jabalí fue el verdadero dinamizador de la montería, con el tiempo el cervuno cogió el relevo y las monterías mixtas empezaron a cobrar protagonismo, sobre todo en la mitad más septentrional de la península, donde el flujo de cazadores atraídos por los excelentes trofeos de ciervo que hace años se conseguían por estas latitudes, encumbró monterías que ofertaban este ungulado. Hasta que, de repente, la pasión por el cochino parece que ha vuelto a recobrar el protagonismo de otras épocas no tan lejanas.

Tal vez sea demasiado pronto para sacar conclusiones definitivas, aunque los datos que tenemos son tozudos y evidencian que en las últimas temporadas el jabalí ha vuelto a cotizar al alza. ¿Por qué? En verdad, creemos que son diversas las razones que han influido para que la gente de nuevo empiece a decantarse por esta otra opción montera.

La primera en que pensamos es de índole económica: qué duda cabe que las monterías en las que la oferta cinegética se reducía al jabalí resultaban más baratas que las mixtas, y no digamos de aquellas otras en la que la opción principal era el venado, aderezado con otras especies alóctonas, donde el jabalí llegó a estar tan devaluado que no contaba ni para sumar en el cupo, algo que también ocurre ahora mismo por parte de la Administración en algunas autonomías, ya que cuando expiden la autorización oportuna para celebrar una montería restringen el número de venados por puesto y, sin embargo, para el jabalí no existe límite de capturas. Congruente o no esto es lo que hay, y pone de manifiesto que los cerdosos, por unas u otras razones, dudosas cuando menos, siempre han estado devaluados, sin aparente justificación por parte de los amantes de esta modalidad venatoria que son muchos.

Un horizonte cinegético cerrado

En segundo lugar, observación que deberían analizarla gestores y Medio Ambiente, según comentábamos en el párrafo anterior, la popularidad de las monterías mixtas superó con creces a las cochineras, fue como consecuencia de la calidad del venado y  lo asequible de los precios, se trataba de una opción montera algo más cara que la otra, tampoco demasiado, y al montero se le abría un horizonte cinegético que desde siempre había anhelado. Ocurrió que con el tiempo la calidad fue bajando de manera alarmante, hasta tal punto que ahora en muchas de aquellas monterías ya sólo se matan hembras y venados de escasa enjundia. Lo cierto es que, por unos y otros, la calidad del venado ahora ha bajado de manera significativa por tierras castellanas. Ésta es la simple realidad, y la gente que no es tonta ha espabilado: a pocos les convence que se oigan tantos tiros en una cacería, pongamos que hasta un centenar, luego en la junta, si es que la hacen, no se presentan nada más que hembras, algún que otro venaducho, y si acaso algún que otro jabalí.

Por último, hogaño al igual que ya ocurrió el pasado, la cabaña cochinera ha experimentado un auge notorio, y si a esto le unimos la incidencia de la crisis y sus efectos negativos sobre el consumo, la gente mira mucho el dinero a la hora de pagar por un puesto de montería, y además como es sabido la calidad del cervuno en muchas latitudes ya no es tan buena como antaño, opino que está meridianamente claro por qué el jabalí vuelve a cotizar al alza.

El encanto de la caza del jabalí

Modas y vaivenes cinegéticos aparte, el jabalí posee un encanto especial para muchos monteros; quizá sea su arcaica figura o su proverbial astucia y fiereza, pero lo cierto es que se trata un animal que a muchos consigue ahogando el corazón cuando le oímos romper monte. Y les recuerdo que estamos en un mes magnífico para montear en el que tradicionalmente se obtienen los mejores resultados y trofeos de la temporada, sin duda, por la querencia natural de estos animales a agruparse en las zonas más abrigadas de las manchas, sobre todo ahora que la nieve tiñe de blanco las cumbres y de escarcha el sopié, es el momento oportuno en el que los grandes machos, tras haberse apareado con las hembras, pierdan su proverbial astucia y empiezan a dar la cara.

La razón por la que en enero las posibilidades venatorias aumentan reside en que durante esta época en la que la nieve y las bajas temperaturas son un denominador común en las tierras del interior peninsular, de sobra es sabido que los guarros están afincados en lugares concretos, sin duda, una garantía a la hora de organizar una montería.

Es evidente que si la guardería conoce de antemano las solanas donde los machos y hembras están afincados, aparte de que el número de hectáreas para montear queda reducido por la nieve almacenada en las cumbres, y los perros cazan a pleno rendimiento, está claro que las posibilidades venatorias por estas fechas aumentan de manera considerable.

Un consejo para finalizar

Por último, y como epítome a lo expuesto insistimos en que enero es un mes magnífico para montear, tanto por los resultados como por la calidad de los trofeos, pero cuidado con los inconvenientes. Aparte de los apuntados, tengan presente el estado en que se pueden encontrar las carreteras comarcales de sierra y los carriles del monte por donde transitaremos, no sean que vayan a estar en mal estado debido al hielo o la nieve, y una jornada que se prometía feliz acabe complicándose.

(Por José Luis Torío. Fotos: Shutterstock y Alberto Aníbal-Álvarez).