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La magia del aguardo nocturno al jabalí y sus trucos

Las esperas al jabalí, aun en inverno, son la sublimación de la caza esquiva y solitaria, de ahí el auge vivido por esta modalidad venatoria, donde los aficionados buscan en la soledad de la noche dar rienda suelta al instinto de cazador paleolítico.
Caza de jabalí, jabali

Enfrentarse a un animal, caso del jabalí, en un medio desacostumbrado para los humanos como es la noche, es una experiencia única y apasionante que jamás te deja indiferente. Se trata de una modalidad venatoria en la que es preciso derrochar grandes dosis de sabiduría venatoria y afición, tanto a la hora de preparar el encuentro como durante el tiempo que permanecemos en el puesto.

Aguardar, un puzle a resolver

Previo al hecho de colocarnos en la postura, todas las fichas deben encajar a la perfección al igual que si se tratara de un puzzle, si no lo único que conseguiremos será cosechar fracaso tras fracaso. La primera premisa, o como decíamos la ficha que inaugura el puzzle, consiste en localizar previamente las huellas y rastros suficientes que atestigüen que los jabalíes se mueven por la zona, y a continuación trataremos de ir descubriendo sus careos y encames. Y una vez ya conocido el teatro de operaciones de nuestro esquivo adversario, éste es el momento en que interviene la astucia del cazador para determinar el lugar más propicio donde situar la postura.

El animal al que esperamos se las sabe todas, y si le damos la mínima oportunidad a buen seguro que detectará nuestra presencia ante el descuido más insignificante. No olviden que un animal con años antes de dar un paso para tomar una baña o entrar a un cebadero pone todos sus sentidos en estado de máxima alerta, y en el supuesto caso de que presienta cualquier situación anómala, de inmediato se quedará amagado hasta despejar la incógnita, así todo el tiempo del mundo, situación que ocurre en innumerables ocasiones sin que nosotros nos hayamos apercibido de su presencia, ni tampoco del motivo por el que cumplió como lo venía haciendo.

La ubicación del puesto

Localizado el anhelado animal y fijado su careo, ha llegado el momento de elegir el lugar concreto donde montaremos la espera. El lugar escogido debe ofrecer todas las garantías, sobre todo que el emplazamiento sea suficientemente cómodo, o cuando menos no incómodo y, por supuesto, que éste sea un sitio resguardado del viento y, por supuesto, cuantas menos trochas de entrada o salida al cebadero o a la baña existan mejor.

Una vez decidido el tollo procederemos al maquillaje del mismo, lo normal es acoplarle algunas ramas para enmascararle, tampoco demasiadas no sea que desvirtuemos el hábitat natural al que el cochino está acostumbrado a ver y no vaya a ser que desconfíe.

La importancia de los periodos lunares

Ya tenemos montado todo el tinglado, sin embargo, nos estábamos olvidando de un tema de la máxima importancia dentro de una espera: la luna y sus fases, pues no es lo mismo, ni para nosotros ni para los gorrinos, realizar una espera con luna nueva o llena. Respetando otros criterios, debo decir que para uno la fase que más me gusta es en cuarto creciente. Me explico: ya sé que de manera ortodoxa la luna llena es la peor fase para montar un aguardo, y por el contrario, cuando no hay luna dicen que se cosechan los mejores resultados. Hasta ahí de acuerdo y no cabe hacer ninguna objeción.

Pero, me van a permitir que abunde en mi afirmación y la defienda: si les digo que prefiero el cuarto creciente, sencillamente es porque durante esta fase lunar antes de ponernos en la postura ya tenemos a nuestra compañera de fatigas en el firmamento, por consiguiente, a la una o dos horas de haberse producido el ocaso aunque sea de manera tibia siempre hay algo luz y, en consecuencia, provistos de unos buenos (recomiendo un 56 de índice crepuscular), es factible distinguir a un animal merodeando por el contorno, lo cual ayuda y mucho a la hora de valorar con ciertas garantías a nuestro contrincante y disfrutar mucho más del lance.

Desde luego que con luna llena es precioso realizar una espera y cuando no hay luna aumentan las posibilidades de hacerse con un gran macho. Así que ya saben, con luna es un placer situarse de espera, y a buen seguro verán innumerables animales, mas en cambio, es complicado que un buen cochino se mueva a no ser que permanezcamos muchas horas y sin hacer ningún ruido en el puesto. Por tanto, las ventajas e inconvenientes expuestas queda a su consideración y sean ustedes mismos los que decidan.

(Texto: José Luis Torío. Fotos: Alberto Aníbal-Álvarez, Shutterstock y Archivo).