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En rececho y montería

Octubre, el mejor mes para cazar los mejores gamos

Que nadie lo dude, octubre es el mejor mes para cazar los mejores gamos, bien en los recechos en la ronca, bien en las primeras monterías de la temporada en fincas que cuenten con su presencia.
Gamo en plena ronca Gamo durante su periodo de celo
Quien piense que el gamo es una pieza fácil y que su comportamiento evidencia signos de domesticidad está profundamente equivocado y sólo demuestra con esa opinión un serio déficit de lances tras esta especie. Si bien no ha adquirido la popularidad de jabalíes, venados o corzos, en rececho -ahora, durante la ronca- y en montería -en los próximos días-, que son las dos modalidades en que se lleva a cabo su caza, puede darnos lecciones de salvajismo y de lo que supone vender muy caro su bello trofeo al aficionado a la mayor.
Resulta probable que su contemplación en parques y otros espacios naturales carente de recelos hacia el ser humano condicione la percepción que del gamo tienen los noveles y aquellos otros cazadores que nunca se han adentrado en su caza. Sin embargo, para los recechistas y monteros que saben de las excelencias de este cérvido en el medio agreste, donde la mansedumbre se torna en inquietud, bravura y astucia, de nada sirven estos comentarios sin fundamento. El gamo o también llamado “paleto”, no lo olvidemos, juega en el hábitat natural sus bazas tan bien como cualquier otro animal, contando su caza con todos los ingredientes necesarios para que ésta se convierta en una experiencia única e irrepetible.

Dos modalidades

Aunque hay zonas del norte peninsular que cuentan con su presencia, son el centro y sur las áreas donde sus poblaciones resultan más prósperas, es decir, en Andalucía, Extremadura, Castilla-La Mancha, Comunidad de Madrid y las provincias más meridionales de Castilla y León. Así las cosas, y aunque se adapta perfectamente a otros hábitats más exigentes, el gamo prefiere terrenos con una orografía -y climatología- suave, especialmente zonas adehesadas.
En lo referido a su caza, dos son las modalidades que tienen al paleto entre sus objetivos, la tradicional montería española y el rececho. Sobre la primera, es conveniente señalar que no son muchas las fincas que ofertan a este cérvido en dicha modalidad, aunque existen algunas en las que comparte protagonismo con venados y jabalíes y otras -muy pocas- exclusivamente sobre esta especie. Es de rigor confesar la tremenda emoción que un cazador siente cuando ve aparecer por el tiradero de su postura a ese grupo de gamos que con toda probabilidad albergue en su interior un buen trofeo, el cual, de abatirse, supondrá el contrapunto en la junta de carnes a las cuernas de los venados y a las bocas de los cochinos o, caso de tratarse de una montería sólo de gamos, irá a sumarse al siempre espectacular tapete conformado por las palas de estos animales.

Antes y durante la ronca

En cuanto al rececho, en la actualidad es, con mucho, la forma más demandada para cazar el gamo, llevándose éste a cabo tanto sobre ejemplares trofeo como selectivos. El motivo de tal preferencia, igual que sucede con el muflón, es que en esta modalidad la valoración del ejemplar a abatir se hace de forma más sosegada que en el puesto de montería, lo que sin duda ayuda a no cometer errores en el disparo por tratarse de una especie que, salvo en la época de celo, es decir, durante la ronca, en octubre, suele mostrar un comportamiento bastante gregario, siendo normales, por tanto, las ‘pelotas’ de gamos compuestas por numerosos animales en las que nos costará distinguir al ejemplar que vamos buscando. Si lo que queremos conseguir es un buen trofeo de esta especie, el rececho es la modalidad ideal para lograrlo. En cuanto a las fechas, las correspondientes al celo, cuando las gamas están ‘altas’ y los machos enfebrecidos por tal circunstancia lanzan al aire sus singulares ronquidos.
En opinión de los expertos, y a tenor del carácter pendenciero y combativo de los machos en esta época, quizá es preferible adelantarse unos días a la ronca con el fin de que los trofeos que se cobren se encuentren en perfectas condiciones, ya que después, y fruto de las continuas luchas, resulta muy frecuente que las palas estén fracturadas y las puntas rotas. Otros factores a considerar antes de aventurarnos en el rececho de gamo en tiempo de celo es su mayor precaución y la pronta huida al menor indicio de peligro a su alrededor, aspectos que lo diferencian considerablemente de su pariente, el venado, que debido a su ardoroso estado descuida la vigilancia, recayendo ésta en las hembras que lo acompañan.