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EN UNA DE LAS SIERRAS EMBLEMÁTICAS PARA CAZAR ESTA ESPECIE, LOS PUERTOS DE TORTOSA Y BECEITE

Secretos para recechar machos monteses

En esta ocasión nos vamos a centrar en la caza de una de nuestras especies más emblemáticas, el macho montés, ofreciendo los secretos de un rececho muy especial en un cazadero no menos especial y emblemático como los Puertos de Tortosa y Beceite.
CabraMontes_Puertos_G Machos monteses de los Puertos de Tortosa y Beceite.

En nuestro rececho de macho montés, lo primero que evitaremos es ser vistos. Dependiendo siempre de la estación del año, el lugar y la hora, obraremos de una u otra manera, sin olvidar que en los meses más fríos las cabras monteses están más tiempo en movilidad, perdiéndola conforme avanzan los meses cálidos. En primavera deberemos ver amanecer y anochecer en el monte, dejando las horas centrales del día para el descanso, mientras que en otoño podremos andar durante todo el día en busca de los machos.

En nuestras aventuras por estos lugares procuraremos no hacer asomadas al filo de cantos y farallones donde fácilmente destaque nuestra silueta. Habremos de buscar los árboles y arbustos donde disimular nuestra presencia. Como norma general, nuestros movimientos tendrán que ser lentos y silenciosos, de manera que nuestra presencia pase inadvertida para el entorno. Actuando de esta manera, en algunas ocasiones podremos sorprender a ejemplares a tan corta distancia que seremos nosotros los sorprendidos al comprobar lo cerca que estamos de ellos.

Una vez localizado el ejemplar, lo primero es evaluar el trofeo para tener la certeza de que éste se amolde a nuestras exigencias. Para ello habremos de observar todos los movimientos del animal sin olvidar si está situado en un punto más alto o más bajo que nosotros, lo cual puede inducir a error a la hora de analizar esta pieza de caza mayor. Un catalejo con trípode incluido nos ahorra tiempo y muchos pasos, aclarándonos dudas con el consiguiente beneficio, puesto que al comprobar a mucha distancia que no es la pieza deseada, no será molestada por nuestra aparición. Una vez definido un animal, habremos de estudiar el plan de acción para la aproximación. Será entonces cuando valoraremos el sacrificio y el tiempo que supone en estas sierras sabernos colocar a la distancia idónea para lograr disparar sobre el macho montés deseado.

El análisis de la posible conducta del animal o las querencias posibles tendremos que sopesarlas siempre dependiendo de la hora de nuestro rececho, puesto que si está careando actuaremos de manera distinta a si está sesteando. La caza a rececho en los Puertos de Tortosa y Beceite tiene la peculiaridad de que, una vez avistada la pieza, se comienza la aproximación a ella y no se la vuelve a ver hasta que no se está a una distancia por lo general muy cercana. Ni que decir tiene que llegar a este punto supone incluso varias horas, en las cuales la emoción es intensa por el logro que supone, aunque ante lo impredecible en la conducta de los machos son más las veces que nos encontramos el lugar desalojado, embargándonos en esos momentos la zozobra y la desazón, aunque con la alegría interior de sabernos burlados por un animal libre y salvaje. Salir al rececho de machos sin límite de días no entraña dificultad en principio para abatir un ejemplar acorde a nuestro gusto. Cosa muy distinta es tenerlo que hacer en un tiempo limitado y condicionado por la climatología, de tal forma que el guía de caza o guarda ya inicia su labor obligado por esa exigencia, aunque es siempre el cazador el que juzga y realiza el lance final al disparar sobre la pieza elegida.

(Texto: J. M. R. V. / Fotos: Félix Sánchez)