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Cómo abatir liebres en llano

Un lance típico del llano es aquel en el que una liebre levantada por otros cazadores, o que ha salido delante de un perro de otro cazador, se escurre hacia nuestro lado. Estas liebres, si tiramos con cierta calma, se abaten con relativa facilidad.
liebrellano11108 Cómo abatir liebres en llano.

Lo más normal es que dejemos los tiros traseros y bajos, esto es lo peor, pues encaramos a la liebre directamente, y si no corregimos, estamos encarando a sus patas muchas veces, por lo que a nada que bajemos la punta de la escopeta, apreciamos el rocío de perdigones por debajo, y no somos capaces, metidos en la inercia del tiro instintivo y sin método, de corregir a tiempo.

Siempre hay que llevar la liebre desde atrás, parece poco productivo, pero nos enseña a tirar mejor, siempre hay que pasarla rápidamente, adelantando bien en función de la distancia (hablamos de liebres largas, hay que adelantar como mínimo dos metros, aunque esto varía en función de choke y del cartucho), y respingar la escopeta al disparar para asegurarnos que cubrimos bien el volumen de la pieza en huida. Esto, que se hace también con los pájaros largos para corregir mejor la subida, es vital para que los disparos sean más centrados, pues pensemos que a mayor distancia, la perdigonada no sólo se dispersa dejando huecos (en el vuelo de los perdigones hasta una distancia de tiro larga, podemos tener un plomeo de varios metros de longitud), sino que los granos tienden a hacer una parábola más acusada cada metro que avanzan en el aire.

De todas formas, si nos centramos y sabiendo que la liebre va ya larga, empleamos un solo disparo, el correspondiente al cañón más cerrado de nuestra escopeta de dos cañones o al único de la semiautomática siempre que el choke sea medio o cerrado, y adelantando como decimos, iremos viendo como sí que ruedan estas liebres.

Y siempre, hay que saber ver dónde nos equivocamos, para esto resulta muy ilustrativo el chorreo del plomeo en el suelo, para comprobar cómo plomea la escopeta y ese cartucho, y para comprobar hacia dónde, en realidad, hemos apuntado cuando creíamos estar cubriendo de forma correcta la trayectoria de huida de la liebre cruzada.

La liebre se arranca larga y por delante

Este lance provoca a menudo fallos inexplicables y de paso, un buen número de liebres heridas que ni siquiera nos parece haber tocado, y es que el volumen de la liebre nos llena el ojo, y terminamos apuntando mal, tirando precipitadamente, y no corrigiendo el primer disparo fallido.
Al igual que con la perdiz que se arranca rasa y larga, por delante, con estas liebres que no aguantan nuestra llegada y se escurren con las orejas pegadas al lomo a treinta y cinco metros por delante y habitualmente en línea recta, hay que encarar rápido y bien, y tomar siempre el rabo de la liebre de referencia. Encaremos al rabete, a la zancada trasera de la rabona, para en un golpe elástico, elevar la escopeta como si quisiéramos pasar un disparo de bala justo por encima de las orejas de la liebre, incluso un poco más, y va veremos cómo da la voltereta sin problema alguno. Hay que corregir estos lances cuando apreciamos que habitualmente cobramos liebres con las patas traseras rotas, esto indica que el disparo no lo hemos adelantado de forma correcta, y que en realidad, la hemos abatido con el extrarradio del plomeo, y aunque sea una pieza más en el morral, es fruto de un disparo mal realizado.

Aprendamos a subir la punta de la escopeta, vamos a abatir la caza ya casi fuera de distancia de tiro con mayor facilidad y sobre todo aprendiendo para los siguientes lances, que es lo que interesa; con estas liebres, y por supuesto con las perdices, en los terrenos llanos donde siempre salen a punta de tiro, rozando el “tiro o no tiro”, hay que aprender a tirar con chokes más bien cerrados en escopeta semiautomática, el mejor sin duda es de dos estrellas, y combinar de forma acertada los chokes de las escopetas de dos cañones, en las que el full del segundo disparo, hace realmente disparos increíbles en cuanto cogemos esta dinámica de tiro.

(Texto: Miguel F. Soler. Fotos: Archivo).