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La caza de la perdiz y el autocontrol

Hay perdiceros que cazan sabiendo aguantar para aprovechar hasta el último minuto, y perdiceros que en cuanto el campo “se calla”, y se deja de ver caza, se desesperan y no aprovechan bien los posibles lances con esas perdices esquivas.
perdicesconcabeza12108 La caza de la perdiz y el autocontrol del cazador.

Cuando la jornada llega a su ecuador, se necesita un buen perro, una mente serena y fuerzas para ser capaz de repasar todos los rincones querenciosos donde podemos sacar pájaros, y tirar incluso a perro puesto. El perdicero tiene que ser tan bravo como las propias perdices, y al igual que ellas, no darse nunca por vencido.

La caza de la perdiz atrae a muchos, pero a su vez, criba a casi todos, de forma que aunque la mayoría en un momento u otro logra colgar alguna patirroja, pocos cazadores logran redondear una temporada completa con unas buenas perchas. Hablamos de lograr cazar lo que el campo, y sobre todo los cupos, nos permitan, pues por desgracia cada temporada quedan menos terrenos con densidades altas de perdices donde lograr hacer perchas de mucho peso.

Estrategia, tesón, experiencia, equilibrio y serenidad se requieren para saber sacar partido a un coto perdicero, sea de monte o de llano, pues las perdices son esquivas, duras, y no permiten que de cualquier forma lleguemos a ellas. Cada año, incluso, ponen en práctica nuevas estrategias de defensa y huida, donde la distancia de arranque y la longitud de la volada cada vez son mayores, propiciado todo por la presión que ejercemos sobre ellas.

De todas formas, y gracias a que la ilusión por colgarnos dos o tres perdices en la percha todavía nos lleva al campo a muchos cada domingo, hay que esmerarse precisamente en los momentos que en principio son más duros, para poder llegar a tirar unos pájaros.

La perdiz rara vez se puede tirar de entrada, a primera hora, por lo que habrá que trabajar en serio, intentando dirigirlas a lugares adecuados, para poder más tarde provocar el lance. Esto lo tenemos más o menos claro; pero ocurre que tras ir de acá para allá, darnos unas carreritas, subir unos cerros o atravesar un par de barbechos embarrados, llega media mañana, la perdiz se amaga, y nosotros entonces ya casi no podemos ni seguir cazando.

Hay que cazar con cabeza, aprender a escuchar el campo, e interpretar de forma productiva lo que cada cazadero nos indica, pues la perdiz, en esencia, termina siempre escondiéndose para eludir nuestra persecución, de ahí que cuando muchos se retiran ya al coche, vencidos por no ver más perdices, nosotros debemos poner en práctica nuestra experiencia, para lograr sacar algunas de las que están aplastadas en un terronar, un liego o una viña. Hablemos de las perdices del llano, y de cómo trabajar para descubrirlas cuando ellas no quieren dejarse ver.

Si haces bien los deberes...

Lo principal es salir en la jornada sabiendo que hay que dosificarse, y en este sentido cada uno tiene que hacer examen de conciencia y reconocer cuál es su ritmo para no desfondarse en las horas en que las perdices están más fuertes, que es cuando mayor esfuerzo nos costará intentar llegar a duras penas a alguna de ellas.

La perdiz puede con la mayoría de los cazadores en terrenos complicados porque vamos detrás, no las llevamos, que es bien diferente. Siempre hay que intentar mover los pájaros de forma que sus vuelos o sus peones sean en nuestro beneficio, pues si nos limitamos a seguir hacia donde van, a menudo nos darán esquinazo más tarde o más temprano.

Por ejemplo, es tontería cazar a favor de la linde del coto y con el aire de espalda, esto es apostar por sacar las perdices del cazadero; al igual que cazar de cara a una reserva, estamos pidiendo a gritos vaciar el terreno donde estamos cazando; los deberes hay que hacerlos bien desde el principio, desde el primer momento de la jornada.

Así pues, que el camino que emprendamos no sea con la intención de tirar cuanto antes, pues estaremos tan en tensión, que la golosina de ver volar a las perdices hará que nos vayamos detrás de ellas, y esto, como estamos comentando, no siempre resulta positivo para la percha. Siempre que podamos, mejor entrar de forma que la huida se propicie hacia donde nos interesa, con la lógica premisa de que las perdices intentarán huir de forma más favorable para ellas, y hacia donde quieren, por eso es tan difícil cazar perdices a guerra galana.

Mover la caza es fundamental, y hacerlo a un ritmo cómodo, que no nos reste brío para cuando el campo se “calla”, cuando a media mañana ya casi no se escuchan disparos y sabemos que la caza -las perdices- está amagada, y hay que ir entonces a sacarlas, si somos capaces...

(Texto: Miguel F. Soler. Fotos: Archivo).