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Enfoques para jornadas tras las perdices

Se trata tan sólo de pararse a pensar si cazamos de la mejor forma, de la más productiva; pues muchas cuadrillas, a partir del taco de media mañana, comienzan a decaer en su esfuerzo, determinando sólo cazar alrededor del coche o sin alejarse demasiado.
jorndasperdiceras12108 Enfoques para jornadas tras las perdices.

Y es que ese paroncito, a veces, es un verdadero lastre para después continuar con la fuerza suficiente, sobre todo cuando media una pesada digestión de por medio. Así que os propongo un nuevo enfoque de nuestras jornadas perdiceras con mayor potencial de buenas perchas: comenzamos casi calentando, cazando con brío pero con suavidad, es decir, sin provocar un desgaste excesivo; una o dos paraditas a lo largo de la mañana para reponer (frutos secos, fruta, debemos beber agua durante toda la jornada para evitar bajar el rendimiento y favorecer las lesiones), y progresar en nuestro ritmo para amoldar el mejor periodo de nuestro perro, a últimos de la jornada, con nuestra capacidad para llegar a los puntos calientes y tirar de buena forma, cazando casi de continuo en guardia media para encarar correctamente y de forma rápida ante los lances más inesperados de esos momentos, que son los que hacen que poblemos la percha cuando otros aficionados están ya casi sin fuerzas para llegar al coche.

Volcarnos en la segunda mitad

Justo al contrario de lo que solemos hacer, que es comenzar al máximo para pasar, tras unas horas, a un estado de cierto agotamiento, decaimiento, y apenas fuerzas para sujetar de mala forma la escopeta. Todos hemos sentido cómo a partir de cierto momento nuestros pasos por el campo ya no llevan fuerza, y cómo la escopeta ya nos molesta o estorba, esos tres kilos, parece que fuesen diez, y además, el coche tan lejos... Hay que aprender a comenzar a cazar de forma gradual en nuestras evoluciones en el campo, debemos ir justo al contrario que nuestro perro, que suele salir con una fuerza enorme hasta que se templa y comienza a meterse mejor a la distancia de tiro, sobre todo en el llano. Hay que plantearse la jornada de forma diferente, de menos a más, dejando que la caza se mueva, aprovechando los lances que podamos, sin desesperarnos porque la perdiz no se deja. Luego, si seguimos con capacidad y brío a partir de las doce o la una de la tarde, entonces es cuando hay que rendir al máximo para tocar las mejores zonas con fuerza, pues allí estarán las perdices.

Sin duda, los mejores lances

Es una pena que nos desfondemos en la primera parte de la jornada, trabajando a un ritmo demasiado elevado queriendo llegar a las perdices mucho antes de su tiempo, para una vez “esturreadas” por baldíos y cerros, no tener casi fuerzas para llegar a ellas. Sin duda los mejores lances, los más intensos y en cierto modo fáciles, se producen cuando la caza está ya amagada, fuera de su zona habitual, y en espera de acontecimientos, momento ideal para que nuestro perro repase con maestría el cazadero, y logre sacar o mostrar más de una perdiz que nos sorprende por su capacidad de disimular su presencia en lugares casi inverosímiles. Así que si aprendemos a dosificarnos y a tomarnos la primera parte de la jornada como de planteamiento y puesta en marcha de nuestra estrategia, para culminar la cacería rindiendo al máximo en las últimas dos o tres horas, sin duda vamos a vivir de forma mucho más intensa, gratificante y recompensada cada jornada a perdices, aunque tengamos días en los que no hay forma de ponerlas a tiro. Ésas son las buenas, a las que hay que plantarles cara, y esperar al siguiente domingo para, con suerte, llegar a tirar a muestra de nuestro perro a las dos de la tarde.

(Texto: Miguel F. Soler. Fotos: Archivo).