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Aprender de los errores a fin de salir reforzados

Futuro para la caza y los perros

Nosotros, los más veteranos, tenemos la obligación de ser optimistas y, además, transmitir ese optimismo a todos los que nos rodean. Decir esto en los tiempos que vivimos y con la que está cayendo podría parecer una locura, pero...
Futuro_CazaPerros_G Joven cazador y su braco alemán en una jornada a codornices.

Pero prefiero vivir en una alegre locura cargada de ilusiones y proyectos a estar hundido pensando en todos los negros nubarrones que se ciernen sobre nosotros, nubarrones que, por supuesto, también afectan a la caza y a todo aquél que está en contacto con ella.

Últimamente se viene escuchando la preocupación que reina sobre la problemática del escaso relevo generacional en el mundo de la caza, y la verdad es que independientemente de que nuestra actividad no se venda bien de cara a la sociedad, una sociedad más bien urbana y desconocedora en absoluto de esas raíces profundas -sin saber ni cómo ni por qué algunos sentimos esa llamada hacia la caza, enganchándonos posiblemente para el resto de nuestras vidas-, pienso que hay otras circunstancias que influyen, y mucho, sobre la escasa aparición de nuevos aficionados.

En primer lugar tendríamos el condicionante económico. Nuestra actividad es bastante costosa (escopeta, perros, cotos, desplazamientos, etc.), por lo que, a no ser que se haga cargo de todos estos gastos su progenitor, es tarea prácticamente imposible que un adolescente pueda costearse esta afición. En segundo lugar, hay que ser sinceros y reconocer que el panorama de la caza, y en particular el de la caza menor, no está como para enganchar a nadie, más bien para todo lo contrario.

La caza no es ajena ni distinta a cualquier otra faceta de la vida cotidiana. Por desgracia, actualmente tenemos un ejemplo clarísimo de lo que ocurre cuando en su momento no se hace un buen diagnóstico de la situación, algo que, por supuesto, conlleva que las medidas adoptadas tampoco sean las más correctas. No éramos pocos los que desde hace tiempo veníamos pregonando que la situación boyante de la caza era totalmente ficticia, y se nos tachó de agoreros, pesimistas y no sé cuantas cosas más.

Argumentábamos que esa bonanza se sustentaba sobre unos pilares nada sólidos, ya que, como una consecuencia más de la buena situación económica que se vivía -esto provocó que nuestra actividad se pusiese de moda, produciéndose la aparición de pseudoaficionados, que no es lo mismo que nuevos aficionados, ¡ojo!-, a los ‘eminentes’ gestores cinegéticos del momento se les podía acabar el negocio y arrastrar con ellos a los que de verdad, con criterios coherentes y mucho esfuerzo, trabajan por un campo mejor. Esto mismo sería perfectamente aplicable al mundo y al mercado de los perros de caza .Y ya ha llegado el momento de plantear soluciones reales, llamando a las cosas por su nombre sin pensar si lo que decimos es políticamente correcto, palabras estas últimas que ahora están muy de moda cuando lo que realmente queremos es silenciar las verdades.

La caza en general, y el mundo del perro en particular, nunca ha debido ser un negocio. Antes no lo era, lo más que se intentaba era cubrir los gastos que se tenían como consecuencia de las mejoras que se ponían en marcha para intentar aumentar la riqueza cinegética de una finca o, cuando menos, mantenerla. Y con respecto a los perros, más de lo mismo, cubrir los gastos producidos por nuevas adquisiciones, alguna que otra monta que se creía interesante, etc. Pregúntenles a los gestores de algunos cotos o a criadores serios cuánto dinero han ganado a lo largo de sus muchos años de dedicación. Seguro que en ambos casos la respuesta será la misma: satisfacciones y amigos, bastantes; horas robadas a los nuestros, muchas; y de dinero, ni un duro -perdón, ni un euro-.

En este país no solamente se ha pinchado la burbuja inmobiliaria, sino también otras burbujas, y una de ellas -y muy gorda- es la burbuja cinegética. Ahora es cuando se ve a los gestores y criadores de verdad; muchos desaparecerán y quedarán solamente aquéllos cuyos objetivos son, para unos, la mejora de la caza y, para otros, la mejora de las razas.

Seguro que todavía nos esperan unos años muy interesantes -aunque duros, lo sabemos- en los que se van a mover muchas cosas que evidentemente van a afectar al mundo de la caza. Estoy convencido de que “después de la tormenta viene la calma” y de que de estos tiempos sacaremos conclusiones que harán que no cometamos los mismos errores en las décadas venideras, al menos no deberíamos.

Posiblemente los cazadores en estas circunstancias partamos con cierta ventaja, ya que somos gente acostumbrada a superar dificultades, a recuperarnos de los fracasos y a ser metódicos y disciplinados en nuestras tareas, pudiendo servir de ejemplo de lo anteriormente dicho la crianza y posterior enseñanza de nuestro querido compañero de caza, en la cual, sin esfuerzo, método, disciplina y trabajo nunca conseguiríamos lo más mínimo. 

(Texto: Pepe Durán / Fotos: Alberto Aníbal-Álvarez, autor y archivo)