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En mano, al salto y en ojeo

Liebres: las claves de sus lances

En plena temporada general de caza menor, y antes de la gran llegada de migratorias en nuestros cazaderos, la liebre es una de las especies de nuestra menuda que más lances depara, centrándonos ahora en las claves de su caza en diferentes situaciones.
Reportaje_LancesLiebres_G Liebre aplastada intentando pasar desapercibida ante la llegada de cazadores y perros.

Ojeadas

Pieza siempre alerta y buscada por el cazador al salto o el que avanza en mano por llanos y laderas, la liebre se ha vuelto protagonista desde hace unos años de una modalidad que aprovecha su abundancia en determinados terrenos donde llega a causar importantes daños a la agricultura: el ojeo de liebres. Así, la liebre, que reacciona en función de cómo esté el tiempo y el campo, suele entrar bastante confiada a la línea de puestos, pues huye de los batidores. Pero ojo, que no es tiro fácil la mayoría de las veces. No hay que dejar que la liebre se nos venga encima por querer asegurar el disparo. Con choke de tres estrellas, o dos en cazaderos muy limpios, a la liebre se le tira con sexta en cuanto entra allá a treinta metros, procurando no asomarnos por encima de la escopeta, pues dejaremos los tiros bajos.

Cruzadas

Es, sin duda, la liebre que se lleva más tiros y menos plomo en el cuerpo cuando salta delante de la mano y la cruza cuarenta metros por delante. Y, sin embargo, es la que con más efectividad acusa uno o dos impactos, pues el flanco de la liebre es sumamente sensible, mucho más que los cuartos traseros. Se suelen dejar los disparos traseros siempre, e incluso bajos si nos asomamos demasiado para verla correr. ¿Qué hacer?, pues sencillamente tomar la trayectoria por detrás, seguirla y adelantar mucho, insisto, mucho porque cruza retirada de nosotros; incluso podemos respingar un poco los cañones si la distancia es ya un poco larga, forma habitual de muchos cazadores para acertar con algunos perdigones por encima de la liebre, buscando pulmones y cabeza.

‘Pisadas’

Cuando cazamos el llano, la viña o el olivar, incluso el monte, en más de una ocasión, al detenernos o al dar un paso, allí salta la liebre, casi pisada por nosotros mismos. Gran opción de abatirla, pero gran error al querer tirarle tan cerca como lo hacemos. Si sale cerca, si no hay grandes obstáculos, si es pieza fácil, ¿por qué tanta prisa? Hay que dejarla correr sin encarar siquiera y, cuando va allá a unos quince metros, entonces encaramos, tapamos y disparamos, pues en esos segundos habrá recorrido otros diez metros como mínimo, distancia ideal para abatirla con facilidad. Y no se le tira al rabo, se le tira a las orejas y, si tiramos más cerca, tapándola por completo.

Entre la pámpana

Desde los primeros días de la temporada general y hasta mediado noviembre, cuando los fríos hacen mella, la cepa de la vid cuenta con abundante ramaje y hojas, la pámpana, refugio y escondite ideal para la caza del llano. Que en la viña suele haber bastantes liebres es algo conocido por todos, pero no siempre esta abundancia implica facilidad a la hora de intentar abatirlas. Con mucha pámpana, la liebre sólo se deja ver bien cuando nos arranca por delante y en la misma calle que llevamos, pero cuando salta algo retirada y en oblicuo, su carrera es difícil de seguir. En estos casos hay que mirar bien semiencarados y, en cuanto la vemos pasar por una calle, adelantamos la escopeta en esa dirección y tiramos directamente a la calle siguiente en la carrera de la rabona, que es por donde irá cuando allí llegue el disparo.

En celo

A lo largo de la temporada, y generalmente entre noviembre y enero, en más de una ocasión vemos corrillos de dos o tres liebres que se mueven muy por delante, siendo esto síntoma claro de celo entre ellas o de la llegada de “las liebres de la sierra” con el inicio de nevadas importantes. Si te arrancan dos liebres a tiro, primero tiramos a la que sale hacia la izquierda, pues tenemos siempre mayores opciones de abatirla por el giro de nuestra cadera hacia ese lado, que favorece un adelanto acertado; a continuación, enfilamos a la segunda, hacia la derecha, y adelantamos el doble que a la primera, forma de corregir nuestro menor giro hacia nuestra diestra.

(Texto: M. F. Soler / Fotos: Alberto Aníbal-Álvarez)