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Perdices ¿calidad o cantidad?

La calidad en la caza de la perdiz, la satisfacción por la jornada y la temporada, dependen de la dificultad y el esfuerzo que nos cuesta capturarlas. De la calidad del lance.
perdiz060108 Perdices ¿calidad o cantidad?

Sin embargo, muchos cazadores piensan lo contrario, la calidad de la caza depende del número de perdices que se logra cobrar durante la jornada y la temporada. Si la percha es escasa o nula, consideran que ha sido una mala jornada y temporada. Por tanto, se asocia la calidad a la abundancia y no a la dificultad y al esfuerzo necesario para capturar las perdices.

En el caso contrario la calidad esta relacionada con la escasez, hasta un límite umbral, por debajo del cual es hartamente improbable capturar alguna perdiz en toda la temporada. Seguramente la mayor satisfacción en la caza se puede encontrar en un término medio, ya que si no se captura ningún animal durante toda la temporada, se pierde la afición y el cazador cuelga la escopeta. Pero sucede lo mismo cuando las capturas durante toda la temporada son excesivamente abundantes por la facilidad de hacerse con ellas (cotos con sueltas intensivas).

Podemos comparar esta situación a los resultados de un partido de fútbol y de la temporada de liga. Los partidos sin goles acaban siendo aburridos. Si siempre se obtuviese este resultado, se perdería la afición por ver este juego. Lo mismo pasaría si todos los partidos contasen con numerosos goles. Lo que mantiene el interés y la afición son los partidos intensos que no dejan el marcador a cero, ni tampoco se exceden en su número con goles de baja calidad. Es precisamente la incertidumbre en la caza natural, la que plantea que cada jornada sea un reto diferente. Después de un día de caza bolo (sin capturas) el cazador no dejará de soñar y pensar, en cómo corregir sus errores para afrontar el próximo día de campo.

En nuestro caso no interesan aquellas perdices que se entregan y se dejan capturar fácilmente. Son interesantes las perdices que se escapan, se esconden y nos cuesta dar con ellas. La caza natural de la perdiz exige trabajarlas, sacarlas de sus comederos y llevarlas hasta donde las podamos sorprender. Esta jugada cuesta varias horas. En la caza de la perdiz silvestre, frecuentemente no se dispara hasta las últimas horas de la mañana. Para cazar una perdiz silvestre hay que sudarla y saber mantener con entereza el tipo, hasta que por fin tenemos oportunidad de disparo. ¡Qué coraje encuentra el cazador cuando finalmente falla la oportunidad de la jornada! suficiente para no dejarle dormir hasta el próximo día de caza.

La calidad de la caza la podemos valorar según la satisfacción que obtiene el cazador en esa jornada. Son precisamente los recuerdos de la percha, de los lances difíciles y de los trabajos del perro, los que suman puntos. El número de oportunidades de disparo y de las perdices vistas, independientemente de los resultados, mantienen la ilusión y la esperanza en la satisfacción para las próximas jornadas de caza. La satisfacción real se puede asociar a los lances difíciles. Las perdices entregadas que se disparan y capturan sin esfuerzo no suman puntos.

Una temporada satisfactoria se recuerda por el volumen de la percha final, porque se asume que éste es proporcional al número de jornadas gratas. Sin embargo, esto no siempre es cierto. Una temporada es satisfactoria cuando ha mantenido a lo largo de su transcurso nuestra ilusión por cazar y ver perdices, por enfrentarnos a lances difíciles. Los números los debemos hacer sobre la caza y no sobre los tiros. Cazar no es tirar, los tiradores hace tiempo que disponen de campos adecuados para practicar su deporte, muy distintos de los espacios abiertos con caza natural.

(Texto: Jesús Nadal. Universidad de Lérida. Fotos Alberto Aníbal Álvarez).