Pasar al contenido principal

Perdices y calor: claves para afrontar su caza

Último día de octubre y aún estamos con un calor sofocante. El campo todavía está resentido de suelo seco, el viento es cálido y el cazador ha de ser consciente de las limitaciones para poder colgar las primeras patirrojas de la temporada.
PERDICERO cazador con percha de perdices

Dosificarnos y adaptar el ritmo de caza. Es lo primero que debemos tener en cuenta, si en nuestra zona las temperaturas son cálidas y hasta bochornosas a mitad del día, no podemos pretender desplegar la energía y el ritmo que nos gustaría si el campo y el clima fuesen plenamente invernales o al menos muy metidos en la otoñada.

Se impone el sentido común y comprender que si derrochamos mucha energía en las dos primeras horas por salir “envalentonados a comernos el campo” detrás de las perdices, sin duda alguna a las once de la mañana ellas estarán propias para ir a buscándolas con el perro, pero nosotros estaremos ya en el coche o camino de él más que agotados, el perro casi seguro caminando cabizbajo detrás de nosotros, y con una impotencia y una desmoralización tremendas, porque literalmente no podemos con nuestro cuerpo.

El cazador, y mucho más el perdicero al salto, ha de estar muy bien entrenado y preparado para estas fechas y llegar a la desveda en un pico de preparación que le permita rendir en el campo según sea su ritmo, en esto cada uno debe saber cómo puede cazar y cómo quiere cazar para encontrar un buen equilibrio, pero teniendo en cuenta que en un día fresco podrías estar seis horas sin grandes problemas, pero en un día canicular de octubre posiblemente a ese ritmo no duras ni media jornada. No todo se resuelve el primer día de caza, es más, muchos de nosotros vemos cómo a media Mañana quedamos “cuatro gatos” en el campo, con la mayoría de cuadrillas y cazadores sueltos recogidos ya almorzando o directamente de regreso porque ya no pueden más con el calor, las piernas parecen vigas de hormigón, y hasta el peso del silbato del perro les molesta...

Es imprescindible prepararse emocionalmente para estos días pues tendremos que hacer frente a esos bajones psicológicos que son los que en realidad nos dejan clavados sin poder dar un paso más -si es que llegas bien entrenado físicamente, claro...-, y planificar nuestro recorrido, decidir nuestro ritmo, dosificarnos y reponer energía de forma casi continuada durante la cacería, dando pequeños descansos a nuestros perros y a nosotros mismos. Si lo haces más o menos así podrás disfrutar del cazadero casi para ti solo a esas horas en que las patirrojas están ya amagadas y las puedes tirar a perro puesto.

Diseña tu recorrido

Es el primer secreto para poder racionar energías y no agotarte antes de tiempo a golpe de factura de calor tras una primera parte de la jornada demasiado intensa. No caigas en el error de llegar al campo y ponerte a correr como si se acabara el mundo, en cuanto llegues y veas cómo viene el día y sobre todo cómo da el viento y por dónde esperas que entren o veas más perdices por estar en la esquina de otro acotado o porque sepas que hay cuadrillas en tal o cual sitio, sitúate en el escenario y parcela para que sepas cómo abordarlo sin pasarte de esfuerzo.

El calor es sin duda el peor enemigo del perdicero al salto en el cazadero, podemos lidiar con el viento, la lluvia, el barro, el frío y hasta con la escasez de piezas, pero cuando hace calor y nos vemos cargados de peso por los cartuchos, la escopeta, el agua, algunas piezas, etc., las jornadas se acortan necesariamente porque llega el momento en que el campo nos puede. No quieras recorrer todo el coto, ni siquiera todo el campo de la zona donde piensas cazar; comienza con talento a repasar las zonas donde puede haber pájaros y sabes que se mueven pronto, no es momento de presionar a las perdices sino de moverlas, aprovecha que tu perro va más fuerte a primera hora para mover algunos bandos, ¡no corras detrás!, intenta dirigir su escape a zonas más provechosas un poco más tarde.

Este primer recorrido debes hacerlo a ritmo progresivo, comienza calentando, sin derroche de fuerza en vano, recorre la zona que quieres ir tocando para tomar contacto con el cazadero, guía a tu perro pero no le impongas que se meta ya debajo de la escopeta, si está entrenado y sabe cazar, ese rato es también de calentamiento para él, tiene que entrar en escena y en ritmo.

Desde que amanece ahora y hasta las diez o diez y algo se te va una de las partes de la mañana en que vas a tener mejor temperatura, que esto te sirva para calentar piernas avanzando a tu ritmo pero poquito a poco subiendo hasta llegar a esa velocidad de paso que sabes es la tuya para el pleno rendimiento físico a lo largo de al menos un par de horas más.

Insisto, nada de carreras, ritmo diesel progresivo, si un pájaro requiere que le entres hazlo pero luego no te animes a correr más y más porque lleves algunas delante, ve pastoreando, atento a tu perro, hace calor para él, para ti y para las perdices, y con esa premisa hemos de lidiar estos días.

Las horas centrales de la mañana dedícalas a recorrer la parte del cazadero que aún te deje contactar con perdices revoladas o que no estén todavía quedándose a tu paso, con calor la perdiz suele amagarse pronto y en días de muchos cazadores y perros, permanecen quietas durante mucho tiempo, sestean, y se comienzan a mover más tarde, por eso hay momentos en estos días en que el campo parece quedarse muerto, en silencio, no se ven apenas perdices, y es por que ya están amagadas.

Podemos decir que entre las diez y las doce y media más o menos es cuando mejor debes rendir porque ya irás algo cansado, el equipo comienza a pesar más de la cuenta, el calor comienza a ganarte y llegarán los primeros pensamientos de abandono de la jornada, sobre todo si estás viendo poca caza o si estás fallando las que tiras, por supuesto también te pasará esto si ves que físicamente no puedes ni con tu alma...

Si ves que el calor, de la mano de una falta de fondo físico, va invitándote a dejarlo y notas sensaciones algo malas, decididamente déjalo, regresa a tu coche, refréscate, refresca a tu perro, descansa un poquito a la sombra y toma algo de fruta, y si notas que el cuerpo no está para seguir, regresa a casa que es la mejor opción. No pasa nada por ello, la caza es para disfrutarla, quien se arriesga a una lesión o a un contratiempo por ella no es cazador, os lo aseguro.

(Texto: Paco Mateo. Fotos: Alberto Aníbal-Álvarez y autor).