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Trabajo, educación, establecer vínculos, evitar el aburrimiento y muchos trucos más

Cómo conseguir que tu perro de caza sea obediente

Un perro obediente no es otro que aquel que responde a las demandas del dueño con presteza y corrección, es decir, con eficiencia, y en cualquier circunstancia o contexto, tanto en una situación social habitual, como en el campo con la caza por delante.

Encontramos perros de caza que con un mínimo de educación básica muestran una conducta impecable, mientras por otro vemos perros que durante toda su vida se muestran retadores y díscolos, sobreponiéndose al sometimiento más férreo y al adiestramiento más riguroso una y otra vez.

El perro nace con un temperamento individual que le predispone a una conducta más o menos voluntariosa, tendente a complacer y a la sumisión o dominancia. La experiencia vendrá a definir su carácter a través de la educación, el adiestramiento y las consecuencias de sus acciones cotidianas durante las etapas tempranas de su desarrollo.

Pepe Durán durante el adiestramiento de un braco alemán.

Por tanto, tener o no un perro obediente dependerá en cierta medida de su legado genético, digamos en un 30%. Mientras en otros apartados de la conducta la genética tiene mucho más que decir, en la obediencia su peso es menor ya que el adiestrador opera sobre respuestas innatas, contra natura.

Así las cosas, podemos asegurar que un perro obediente se hace en base a las tres reglas de la obediencia básica: trabajo, trabajo y trabajo. Y en este apartado pocos trucos más hay, aunque sí algunos. Pero para empezar seamos conscientes de que existen razas y líneas con mayor tendencia a instalarse en la desobediencia.

Primero, educar, después, crear un vínculo

Hay que partir de una base e ir más tarde modelando la conducta primigenia. Son muchas las cosas que podemos hacer. Primero, educar. La educación temprana, desde que el perrillo es destetado, es una herramienta fundamental.

Campeo de un joven pointer.

No hablo de la aplicación de un sistema metódico de adiestramiento para cachorros, sino de crear actitudes, habituar a un manejo cotidiano, a la aceptación del control, a la asunción del castigo (en su justa medida) y al establecimiento de las rutinas y primeros condicionamientos a través del premio.

La convivencia y compartir tiempo regularmente con el dueño marcarán la conducta futura, desde una educación empática, progresiva y constante. Quien mantiene su perro en perrera suele ser más permisivo que quien debe convivir con él, simplemente porque no tiene que soportar sus actos 'salvajes' a diario en casa o en el parque...

Tras el entrenamiento de dos podencos andaluces.

Lo segundo es crear el vínculo. Sin un lazo emocional estrecho entre guía y perro el progreso en el aprendizaje será nulo. El alumno irá adecuando su conducta a los requerimientos del dueño siempre y cuando los siguientes factores se mantengan: motivación, atención y voluntad de agradar. El guía no contará con ninguno de estos tres aspectos mientras el alumno no se sienta vinculado incondicionalmente con él.

No caer en el aburrimiento

El adiestrador debe saber improvisar, cambiar y sorprender al perro antes de que la monotonía mine su motivación. Los trucos más utilizados en este sentido son los juguetes de activación, tales como pelotas, kongs de rebote, rodillos y dummies, etc. Otro truco eficaz es el cambio de secuencia de ejercicios una vez todos están ya introducidos y en fase de desarrollo.

Bretón portando un dummy.

También podemos y debemos cambiar las temporizaciones como, por ejemplo, los tiempos de espera en ejercicios estáticos (sentado, echado y quieto) o alargar el justo. Por último, es importante, para evitar el tedio y dar un sentido a lo aprendido, el cambio de entorno. Yo suelo por ejemplo invertir mi tiempo en realizar ejercicio, como correr o rodar en bici con el perro en posición de junto y ordenándole los ejercicios elásticos sobre la marcha.

Otro truco que debemos instalar casi inconscientemente en nuestro repertorio de acciones cotidianas es la obediencia social. Este manejo cotidiano da sentido a todo el trabajo realizado, además de demostrar educación a terceros (vecinos, compañeros de caza) no sólo del perro, sino también del dueño.

(Texto: R. V. C. / Fotos: Pepe Durán y Archivo)