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El perro de cobro: más que un lujo

El cobro es una de los aspectos de la caza menor que más dificultades implica para un gran número de perros. En estrecha asociación con el cobro se encuentra la búsqueda de la pieza abatida.
retriever070108 Golden y labrador retrieves son dos razas de perros de cobro.

Durante la realización del cobro intervienen dos sentidos, la vista mediante la cual el perro observa el lugar donde cayó la pieza y el olfato para localizar esa pieza de caza cuando cayó fuera de su vista. Por tanto no debemos simplificar el cobro a acto de portar el perro en la boca una pieza sino que entenderemos por tal la compleja labor que supone buscar y recuperar las piezas, aunque no se las haya visto caer, y llevarlas hasta el cazador. Todo ello supone que el perro localice la fuente de emanación, una pieza de caza muerta o herida que en numerosas ocasiones se encuentra a considerable distancia del lugar en que aparentemente cayó, ya sea por el pelotazo que la rebota lejos como porque el animal herido apeona buscando protección. ¿Por qué esta actividad supone una gran dificultad para muchos perros? Por la sencilla razón de que con el cobro estamos rompiendo la secuencia funcional de la caza en un cánido. Una acción de caza es una sucesión de secuencias funcionales, una secuencia funcional es una sucesión de pautas motoras que tienen la finalidad de satisfacer una necesidad biológica. En un perro la secuencia cazar-matar-comer tiene el siguiente desarrollo:

Posicionarse – fijar la mirada – acechar – perseguir – sujetar -matar – despedazar – comer.

Cada una de estas actividades o secuencias funcionales  forman parte de una adaptación genética que facilita el desarrollo de tal conducta, por ejemplo, el perro siempre mata sacudiendo la cabeza con la pieza bien mordida y desgarra la carne para provocar su muerte por hemorragia. Es una pauta bien distinta de la de los felinos, desde el pequeño gato doméstico al león, los félidos, con una mandíbula más poderosa que las de los cánidos, matan a su presa por estrangulamiento. El perro que muerde la garganta de una pieza y sacude la cabeza para abrir la herida y el gato que presiona la garganta de un pájaro estrangulándole están exhibiendo en ambos casos una pauta conductual fijada genéticamente.

¿Por qué es un problema el cobro?

El problema surge cuando no dejamos que el perro exhiba la secuencia predatoria completa, al impedirle despedazar y consumir la pieza. Curiosamente todas las pautas motoras predatorias pueden modificarse mediante la selección artificial, con excepción de la última, comer. Todos los perros comen, de hecho es una de las especies más voraces. Lo que genéticamente hemos hecho es disociar la pauta de consumo de la pieza de las restantes conductas predatorias, lo que ha supuesto un cortocircuito mental en el sufrido perro, puesto que toda la secuencia predatoria esta destinada a un fin último, comerse la caza. Todo ello ha provocado una gran dificultad que muchos sujetos muestran a la hora de cobrar la pieza y también el gran número de perros que babean, machacan o ingieren la pieza en cuanto nos descuidamos. Para poner coto a esta situación se forjaron los perros de cobro, razas en las que se eliminaba la secuencia predatoria, ya no tenían que buscar, acechar, mostrar, la pieza, sino simplemente recuperarla en el campo. Ello fue posible gracias al sentido lúdico del perro, en los retrievers el trabajo de cobro no es dirigido por la secuencia predatoria  sino por el propio comportamiento de juego, ese que exhibe el perro cuando muestra aparentes pautas motoras predatorias hacia objetos no comestibles como una pelota.

Una conducta que se tiene que aprender

Hay perros que cobran bien desde el primer día que les llevamos al campo y les tiramos las primeras piezas para ver como responden. Otros, por el contrario, tardan mas en madurar, precisan educación con señuelos, hay que iniciarles al cobro forzado y finalmente se sueltan. Y están, naturalmente, los que nunca aprenden a cobrar. Aunque todos los perros de muestra están capacitados para cobrar, algunas razas se han especializado en este cometido. Los perros encargados de recuperar la caza abatida son conocidos genéricamente como retriever, vocablo derivado del verbo inglés retrieve, que se traduce por recuperar o recobrar. Actualmente existen seis razas reconocidas como retriever. Una de Canadá, el Novia Scotia Duck Tolling Retriever; otra de U.S.A., el Chesapeake Bay Retriever, y cuatro de Gran Bretaña, los populares Curly-Coated Retriever, Flat-Coated Retriever, Golden Retriever y Labrador Retriever.  Se trata de perros de constitución fuerte, robusto y de buena talla, llegando algunos ejemplares a alcanzar los 70 cm. a la cruz. De conformación física muy parecida de unas razas a otras, es el manto y longitud del pelo el elemento característico de las distintas razas. Todas tienen una cola muy fuerte, musculosa y larga que emplean de timón cuando nadan.

(Texto: Eduardo de Benito. Fotos: Archivo).