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Cuando el setter no es la única opción

Los otros perros becaderos

Estas últimas semanas de la temporada becadera, que termina a mediados o finales de febrero, la podemos aprovechar para ir tras la sorda en compañía de nuestros canes, fieles compañeros que, veremos, no siempre tienen que ser especialistas becaderos.

A la becada bien vale buscarla con decisión, buenas piernas, orientación y método, y sobre todo con un buen perro por delante. Pensar en su caza es remitirnos rápidamente al terreno del setter inglés, con un paisaje donde el monte alto, húmedo y apretado, encierra a la becada en cualquier resguardo o clara, allí donde ella se siente cómoda para el sesteo o la espera hasta que se mueva para buscar comida. Pero si el setter se ha convertido en la raza más demandada por los aficionados a la becada, no debemos olvidar que hay muchos cazadores que salen a la sorda con otras razas mostradoras o especializadas en el levante de la caza, y ello tanto en el norte como en el centro, levante o sur de la Península, obteniendo también buenos resultados. Hablemos de estas otras razas para la becada.

Las principales razas mostradoras presentes en nuestros campos son adecuadas para encontrar becadas en los diferentes cazaderos, bien en los más afamados y tradicionales, o bien en las zonas donde, en paso o en pequeños corros, las tenemos presentes en cuanto enfría un poco el tiempo. El cazador que quiere comenzar a enfocar sus salidas al monte a la búsqueda de becadas debe ser bastante exigente con su afición y elegir la mejor opción. Su mejor opción.

Pointer

El pointer centrado en la dinámica de caza de la becada aprende muy rápido a encontrar rastros del peón; es un perro que en la caza baja la cabeza cuando debe hacerlo, y en realidad así es como debe actuar en los días complicados, sin brisa y con pájaros de paso o muy inquietos. El pointer becadero no va a la velocidad a la que se le ha empujado en el llano en los últimos años, pareciéndose mucho más a los bravos y efectivos pointers de hace unas décadas, más metidos en la dinámica real de la caza exigente y dura. Nariz diez en un perro resistente, duro y muy fuerte. Es la gran alternativa de quienes quieren recorrer cazaderos extensos para encontrar las pocas becadas que se han aquerenciado por la zona.

Epagneul bretón

Si muchos becaderos no tuviesen al setter inglés, seguramente cazarían la becada con el epagneul bretón. Muy adaptado al monte y a la búsqueda meticulosa, pocas razas continentales logran el entendimiento que el bretón consigue con las necesidades del cazador becadero. Los bretones han experimentado un aumento de velocidad en la búsqueda y una ampliación en su laceo que han propiciado que muchas líneas de estos fenomenales perros, trabajadores y esforzados, vuelen literalmente sobre el cazadero, algo que no está muy en consonancia con la estructura de estos perros, más adecuados para una labor sostenida pero sin un esfuerzo tan desmesurado. Pero aprovechando este impulso, el bretón ha escalado lugares en las preferencias de muchos cazadores de becadas, que ven en este perro una conjunción formidable para el trabajo en equipo; son perros muy trabajadores y sufridos en el monte, llegando a veces a rincones insospechados donde la ‘dama’ se ha metido, casi sin hueco, para eludir a sus perseguidores.

Braco alemán

Entramos en el terreno de otro ‘grande’ para la becada. Seguidor incansable de rastros y tomador de emanaciones en altura, el braco alemán es, sin duda, un perro muy completo para la caza de la sorda, sobre todo en bosques más o menos abiertos, laderas de arbolado con claros entre los rodales de pinos o robles y aquellas sierras donde las becadas lo mismo se suben a las crestas de piedra para resguardarse en días de mucho aire y presión en el cazadero, que se meten en los arroyos cuajados de matas para encontrar escondites con mayor humedad y tranquilidad. A la capacidad del braco alemán para localizar becadas en el monte y en terrenos donde las encontramos en paso, esta raza es de las que mejor admite cazar un día perdices, por ejemplo, otro conejos, otro becadas, etc. Sin ser un especialista reconocido en becadas, puede depararnos muy gratas sorpresas.

Drahthaar

En el caso de la becada, el drahthaar resulta un perro muy resolutivo, duro en los montes más intrincados, resistente a las inclemencias y muy dócil para que podamos tirar becadas a perro puesto en los rincones más apartados de las zonas habituales de caza de los demás aficionados. Esta raza es, sobre todo, resolutiva. Adaptado al medio complicado del bosque, pocos perros entran y toman tan bien el cazadero arisco de becadas como el drahthaar; podemos decir que incluso es de las razas que nos permiten cazar de forma más sosegada, sin carreras y sin ansiedad por no saber si llegaremos donde el perro está guiando o en muestra. Además, tiene un cobro muy bueno que facilita recuperar esas chochas que se van con un par de perdigones y que coronan la cresta o se meten en la vaguada profunda de matas y pinos. Trabajan de forma magnífica en equipo, y quien apuesta por una collera de drahthaars puede ir cazando tranquilo ya que allí por donde pase, becada que esté amagada será becada descubierta.

Grifón Korthals

Por potencial, podríamos decir que esta raza reúne todo lo necesario para cazar becadas en cualquier lugar. De él destacamos su orientación en el monte; sabe descubrir hasta las más insignificantes referencias de las becadas, siguiendo a un ritmo muy llevadero para el cazador todas las pistas o emanaciones que lo guían hacia donde está la pieza agazapada o por dónde ha huido, siendo un perro que pierde poco tiempo, toma muy bien los rastros en su línea caliente y localiza mucha caza en el bosque.

Springer spaniel

Si la muestra nos ha acompañado al comentar las razas anteriores, ahora es el turno del levante de la pieza, sin más quietud que la que marca al perro la entrada adecuada para sacar al pájaro en la mejor disposición para el disparo. Y ahí, pegado al suelo, acercándose a la mata con cuidado, está el springer spaniel. Mateadores envidiables, estos perros localizan la becada sin grandes problemas porque tienen una exquisita nariz, muy fácil de educar a la becada debido a que aprenden enseguida. Lógicamente, los lances no tienen la plasticidad buscada por el cazador que sólo piensa en recrearse con la muestra de sus perros, pero es que a veces el cazadero y la realidad no hacen factible ni siquiera una muestra prolongada o de una belleza máxima; en el lance de la becada quien manda es el monte, y aquí una muestra no adquiere la belleza que podemos contemplar en el llano. Así, quien está pendiente de sus perros y conoce sus reacciones, tira las becadas aunque no exista muestra.

(Texto: Miguel F. Soler; Fotos: Shutterstock, W. Nagel, M. Moreno y Archivo).