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Todos los secretos de estas dos razas emblemáticas

Pointer vs. Braco: duelo de titanes

Muchos cazadores salen al campo acompañados por estos dos ‘clásicos’ de la caza pero, ¿realmente los conocemos? En este reportaje conoceremos las cualidades más destacables de estos dos magníficos perros de la mano de Eduardo de Benito.
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El temperamento del pointer es el más adecuado para cazar en las últimas jornadas de la temporada cinegética, cuando la escasez de piezas nos exige un perro de mayor velocidad y amplitud de búsqueda. El temperamento de la raza compensa de un modo ideal las dificultades, es impulsivo, rápido, de frenadas impresionantes; todo ello es el resultado de una antigua selección para cazar en condiciones difíciles sobre extensiones de terreno muy amplias. Estabilidad y equilibrio emocional, resistencia al estrés físico y psíquico y obediencia y sentido de la colaboración con el cazador son sólo algunas de las virtudes que atesora el braco alemán, un perro que por su buen equilibrio mental tolera sin derrumbarse una presión apropiada en el adiestramiento, mostrándose siempre confiado y extrovertido con el educador.

Olfato sublime

Cuando el perro se queda clavado sobre el terreno mostrando la pieza se consuma el viejo rito de la caza, abatir la pieza y cobrarla queda relegado a un segundo plano. Así pensaban los antiguos deportistas británicos, aquellos hombres que seleccionaron los primeros perros de muestra, como el pointer, sin exigirles cobro. El perro inmóvil, rígido. Cola, lomo y hocico en línea recta apuntando hacia una hipotética pieza oculta a su vista, sacudido el cuerpo por ligeros temblores de emoción, aguardando ese momento en que la voz de mando le haga levantar la pieza. Ese pointer que queda paralizado a la menor emanación que su superdotado olfato percibe, esa correlación entre nariz extraordinaria y gran velocidad que encontramos en la raza, es el resultado de una selección para cazar en condiciones difíciles. Cuando la perdiz en el llano parece inalcanzable, cuando vemos los bandos moverse en la distancia como objeto de un deseo que no podemos satisfacer, conocedores de que nuestras fuerzas no nos van a permitir alcanzarlos, el pointer sabe conducir con maestría el bando hacia los barbechos que al darlas protección las invitan a esconderse, o hacia la ladera de una colina donde se posan para vigilarnos. En los baldíos de ambas Castillas, cuando el frío del invierno es intenso y la perdiz escasa, la búsqueda amplia y eficaz del pointer y su nariz superlativa son esenciales para alcanzar a la desconfiada y arisca perdiz de invierno, esa que no rompe los bandos si no se siente muy segura. Cazar es más fácil cuando a nuestro lado tenemos un pointer.

Antídoto contra la anglomanía

Superada ya la epidemia de “los bebedores de viento que galopan por la suave llanura”, el braco alemán se yergue como la mejor opción para el cazador que, necesitando un perro capaz, no esté versado en sofisticados sistemas de adiestramiento. El braco alemán es una máquina perfecta, reflexiva e inteligente. Un braco alemán buscando con el viento de cara, la cabeza en alto, por encima de la línea dorsal, tratando de localizar la pieza, es la mejor demostración de las portentosas cualidades cinegéticas que le caracterizan. Se desplaza mediante lazos bien medidos, muy aquilatados, que le permiten pasar a tiro de escopeta a cada vuelta, con un ritmo contenido, muy acorde con el del cazador, al que nunca fuerza. Ante la pieza el galope se atenúa hasta el trote y finalmente cae en muestra.

Contemplar el trabajo de un braco alemán es sin lugar a dudas el mejor antídoto para curarse de la anglomanía, vicio que ya fustigaba Santiago Pons hace treinta años cuando censuraba que “los más de los cazadores quieren tener “su” pointer o “su” setter, sin saber a ciencia cierta si los tales canes convienen o no a la configuración de su región y a la clase de caza que en ella se practica”. A partir de 1990 el braco alemán ha cambiado la cinegética española tan profundamente, como lo había hecho cuarenta años antes la popularización de las razas de muestra británicas. No ha sido un cambio brusco, una revolución, sino el sosegado trabajar de una raza que ha sabido probar que en el perro de muestra hay valores tan importantes o más que el espectáculo.

Cazar al final de la temporada

En el campo nuestro pointer nos va a dar un espectáculo de buen hacer, pues su afición por la caza le convierte en una máquina perfectamente preparada para mostrar cuantas piezas se encuentren en su radio de acción. Su galope impetuoso no merma su trabajo y gracias a su excepcional resistencia física, que le permite mantenerlo toda la jornada, nos va a cubrir mucho terreno. Puede que algunos ejemplares tiendan a alejarse, lo que generalmente se resuelve con un adecuado adiestramiento. Es constante en la búsqueda, recorriendo con un preciso ritmo cada rincón del terreno en que desarrolla la acción cinegética. No hay duda, estamos ante un perro nacido para cazar. La caza de la perdiz con perro de muestra es sin duda la modalidad de caza menor más interesante, apasionada y deportiva de cuantas se puede practicar, la que antes pone en evidencia la capacidad y conocimientos del cazador tanto en su relación con el campo y la pieza como en el manejo del perro; y para ella se necesita el mejor auxiliar canino: el pointer. Lo cierto es que la más habitual pieza de la volatería hispana exige perros y cazadores con condiciones excepcionales, pero como es algo tan cotidiano apenas nos damos cuenta. Cazador y perro han de tener una óptima preparación física, resistencia, buena vista y dominio de los nervios, especialmente al final de la temporada, cuando las perdices están maleadas, resabiadas y además son escasas. Es en este momento cuando el pointer brilla en toda su grandeza.

La búsqueda

Es sin duda uno de los aspectos más problemáticos en el perro de caza y por cuyo buen o mal hacer primero sabemos del temple cinegético de nuestro braco. La gama de conductas caninas en relación a la búsqueda es casi inacabable: los que corretean alocados, los que levantan la pieza fuera de la escopeta, el que caza largo, el que lo hace a tus talones, etc. La búsqueda incorrecta es una de las razones más alegada por los cazadores a la hora de deshacerse de un perro, y sin embargo la búsqueda es un comportamiento innato en el perro de muestra, una tendencia natural. El problema empieza cuando la forma de buscar del perro y la necesidad de búsqueda que nosotros tenemos no es coincidente. La búsqueda es una conducta y la selección opera sobre las conductas. Lo que los criadores seleccionaron a lo largo de décadas es la conducta de búsqueda, no amplias narinas o patas largas; lo que ocurre es que los genes que determinan la forma de un animal también marcan su conducta. La forma en que busca el braco alemán viene configurada por la longitud de sus huesos, la relación entre su volumen y superficie, su masa muscular, la forma de su cabeza, el desarrollo de su cerebro, etc. La forma sigue a la función, es cierto, y así en el braco alemán encontramos una búsqueda amplia en el estilo de un continental, con iniciativa, adaptada al terreno y a la vegetación. Con un poco de experiencia podemos ir compaginando el estilo y andadura del braco alemán a nuestra peculiar forma de cazar, al terreno y a las especies, pero siempre sabiendo que se tratará de una adaptación, no de un cambio, ya que el estilo de caza es un patrón fijado genéticamente por la selección. Adecuar el perro a nuestro estilo personal es importante, pero forzar a un braco alemán a correr rápido es una barbaridad; el perro no trabaja de acuerdo a su estilo y se ve perjudicada su funcionalidad -igual ocurre si tratamos que un pointer se adapta a un ritmo lento-.

Progreso es la palabra

Todos los años durante la temporada de caza se produce el mismo fenómeno: cuando la campaña está a punto de finalizar las dificultades para cazar la perdiz se incrementan, pues escasean los bandos y pateamos durante horas el terreno con pobres resultados. Esto nos va a desmoralizar salvo que tengamos a nuestro lado a un perro muy capaz que compense con su eficacia la escasez de piezas. El paulatino incremento de dificultades con que el perro se encuentra según avanza la temporada nos suele pasar desapercibido, generalmente no apreciamos ese incremento en la dificultad de su trabajo en relación con el de las primeras jornadas de caza, unos meses atrás, porque el perro las compensa mediante el progreso técnico (o malicia cinegética) obtenido en cada una de las salidas cinegéticas transcurridas. Nuestro pointer aprende, mejora día a día y al final de la campaña es un experto. Yo nombraría al pointer especialista en vencer dificultades, y no sin razón se ha convertido en el canon del perro de muestra. Esto, en vez de beneficiarle, le ha perjudicado al generar envidias que lo han querido presentar como un animal con limitaciones para según qué piezas o modalidad cinegética. Un juicio falso; ya que precisamente la pluralidad del pointer ha favorecido su triunfo en todos los países, pues encontramos pointer cazando en Europa y Eurasia, el Cono Sur, Estados Unidos y Canadá, Sudáfrica, etc. El título de perro de muestra más popular no se regala, se obtiene por méritos propios, y en el pointer su rapidez, ligereza, docilidad, perfecto olfato y muestra espectacular, hermanados con una gran inteligencia cinegética y una belleza de formas absoluta, le han hecho acreedor de dicho título.

Un ritmo, una armonía

¿Cómo se mueve un braco alemán? Es evidente que el tipo de trabajo para el que es requerido hace que su construcción sea diferente y por ello mismo con un aspecto externo también diferente. El braco alemán es un galopador. ¿Significa esto que no puede trotar un braco alemán? Indudablemente no, pero su sistema de locomoción le empuja de forma natural hacia el galope. En la andadura del braco alemán el motor es su tren posterior. Las manos o patas delanteras sostienen el tercio delantero, compensando el desequilibrio que el movimiento de los pies o patas posteriores al avanzar ha provocado en el perro. El galope es una secuencia rítmica, armónica, como la música, que debe transmitir espontaneidad y naturalidad. Un buen galope está determinado por movimientos concretos y eficaces; el animal levanta primero la mano izquierda y a continuación la derecha, luego alza el pie izquierdo y enseguida el derecho. Impulsado en el espacio apoya sucesivamente el pie izquierdo, luego al mismo tiempo la mano izquierda y el pie derecho y en tercer lugar la mano derecha. Es una sucesión de saltos en los que el avance depende del impulso que impriman al cuerpo las extremidades posteriores. Arranque decidido. Exuberante actividad. Galope continuo, enérgico, aunque no impetuoso. Impulso de los cuartos traseros, fuerte pero sin sacudidas, acompañado de ligeras zarpadas de la parte anterior; zancadas bastante recogidas. Es una de las razas más activas ante la caza, con un galope continuo y una resistencia  formidable. En el campo un braco alemán cubre el terreno con un galope moderado pero firme, que le permite abarcar mucho sin aparente esfuerzo, manteniendo el mismo ritmo durante toda la jornada. Muy constante en la búsqueda, inspecciona cada particularidad del terreno con meticulosidad pero sin menoscabo de su regularidad.

(Texto: Eduardo de Benito. Fotos: Maite Moreno, archivo y shutterstock).